Capítulo 10. Desilusiones y celos
Eliana salió del despacho de Joseph con una sonrisa que iluminaba todo su rostro. En cuestión de minutos había pasado del infierno al cielo. No le importaba su aspecto desaliñado ni haber saltado la ducha esa mañana. Solo podía pensar en la hora del almuerzo, en compartir un momento más con ese hombre enigmático que le aceleraba el corazón sin permiso.
Regresó a su pequeña oficina y se sumergió en las tareas, aunque su mente volvía una y otra vez a él.
Mientras tanto, Joseph revisaba documentos