Capítulo 9. La primera grieta
Apenas amanecía cuando el despertador sonó con fuerza sobre la mesilla. Joseph abrió los ojos con esfuerzo y lo apagó de un manotazo.
—Uff… soy una mierda —murmuró, exhausto.
La falta de sueño le pesaba más de lo normal. Tras dar vueltas en la cama unos minutos, se levantó y se metió bajo una ducha fría. El agua recorrió su pecho robusto, deslizándose sobre la gruesa cicatriz que le recordaba cada día que estaba vivo gracias a un corazón prestado.
«Tuve suerte de sobrevivir… pero a veces desear