Cerrar la puerta de mi habitación fue como activar el modo pánico.
Apoyé la espalda contra la madera durante unos segundos, respirando hondo, intentando procesar lo que acababa de pasar al otro lado del pasillo.
Me había acostado con mi jefe, el mismo hombre que apenas recordaba mi nombre correctamente y que ahora, muy probablemente, planeaba despedirme durante el desayuno. Perfecto. La vida realmente estaba superando todas mis expectativas últimamente.
Caminé hasta la cama todavía envuelta