No sé cuánto tiempo estuve mirando el techo.
Solo sé que en algún momento Adrián se movió.
Su brazo se retiró de mi cintura y sentí el colchón desplazarse cuando se incorporó. Mi cuerpo se quedó completamente inmóvil, como si cualquier movimiento pudiera empeorar una situación que ya era, objetivamente, terrible.
Él se sentó en el borde de la cama.
Se pasó una mano por el rostro con la lentitud de alguien que todavía está despertando.
—Agua —murmuró con la voz áspera del sueño.
Mi cerebro reacc