( Clara)
Si alguien me hubiera dicho un año atrás que terminaría sentada en la boda de Eduardo y Sandra, embarazada de gemelos, casada con el jefe que una vez me aterrorizaba, me habría reído en su cara.
Y sin embargo ahí estaba.
Con los pies hinchados, un vestido que había dejado de ser cómodo hacía aproximadamente tres horas y un esposo que llevaba toda la noche actuando como si estuviera transportando cristal en lugar de una mujer embarazada.
—¿Estás bien? —preguntó Adrián por quinta ve