Mundo ficciónIniciar sesiónAdelaide ha sido despreciada por su padre desde el mismo día que nació y destinada a ser cuidada y criada por una sirvienta, alejada de las comodidades de su familia. Cuando su hermana Nadia huye con su amante a solo dos días de su boda con el multimillonario Egil Arrabal, su padre la obliga a cumplir con el compromiso asumido quince años atrás con ese despiadado y arrogante CEO del que ha oído hablar desde que tiene uso de razón. Condenada a ser la esposa sustituta del hijo mayor de los Arrabal, Adelaide camina hacia un futuro incierto donde la muerte, la traición y la venganza pondrán a prueba su temple. ¿Podrá salir ilesa de las garras de este hombre? ¿Qué cosas debe hacer para pagar la huida de su hermana y así evitar la debacle de su apellido?
Leer másDos semanas después, en Roma… —¡¿Qué significa esto, Benedict?! ¿Es por esto que querías venir a Italia? ¿Por ella? ¿Para buscarla? Pamela tira la carpeta en la mesa mientras llora amargamente. Ya no soporta esta situación, está cansada de luchar con el fantasma de Adelaide y de Gaspar. Benedict toma una servilleta y limpia las salpicaduras del café en su saco producidas por el choque de la carpeta con su taza, sin el humor suficiente para contestar absolutamente nada al reclamo de su esposa. —Ya no puedo soportarlo, nunca vas a olvidarla. Esta obsesión tuya con ella ya ha llegado demasiado lejos, quiero irme a casa. Pamela camina hasta el sofá donde se sienta para aminorar el dolor de su espalda. Cuando encontró la carpeta esta mañana entre las cosas de su esposo, no podía dar crédito de lo que allí decía. —Puedes irte cuando quieras —le dice él, seco, pero en tono bajo—. Nadie te obligó a venir conmigo, tampoco a meterte en cosas que no son de tu incumbencia. —¿Ella te i
Emma mira con ojos de fuego a su esposo mientras él se esmera en salivar de manera correcta aquel objeto. Luego ella se coloca de espaldas a él, se agacha lo suficiente para ofrecerle una vista única, deliciosa y totalmente sexy de su trasero. La respiración de su esposo se triplica cuando su boca entra en contacto con su cuerpo. Vuelve a aspirar profundamente, sin el menor pudor, ese aroma tan característico de mujer que lo vuelve loco, luego sin más preámbulo y al borde del colapso toma por asalto su parte íntima. La lengua de Adriano está de fiesta esta noche. Recorre con afán cada pequeño espacio entre pliegues, saboreando, como si se tratase, de un néctar de los dioses. —Amor, así —gime desesperada, Emma—. Por favor, continúa. Adriano sigue con su labor, ahora con más ahínco, subiendo un poco más arriba y metiendo más presión en el lugar correcto para lubricar suficientemente ese orificio del cual se deleitará más tarde hasta cansarse. Dirige el tapón lentamente allí, donde
—Amore mio —Emma llama la atención de Adriano, apenas se asoma por la puerta del baño mientras camina a paso lento hacia donde él se encuentra.—Per tutti gli angeli! —dice Adriano en un susurro mientras la detalla de pies a cabeza—. Emma, amore mio…—¿Te gusta? —pregunta ella avanzando con sus taconazos que retumban en toda la habitación, hasta quedarse a un paso de él. Adriano traga saliva un par de veces y ni aun así consigue desanudar su garganta. ¡Mierda! Él sabía que nada sería normal con ella en su luna de miel, pero esto supera ampliamente todas sus expectativas. Emma está tan bella que parece un ángel de seducción. De inmediato y sin ningún preámbulo, él cae de rodillas a sus pies, llevando sus manos a sus muslos y fijando su vista en la piel tersa y tan besable de esa parte de su cuerpo.—Estoy muy excitada, esposo mío —dice ella pasando sus dedos por el cabello de Adriano. Él cierra los ojos por un segundo y deja escapar un suspiro pesado—. ¿Qué harás al respecto?—Te dar
Al salir del aeropuerto, Adriano lleva a todos a cenar a una pizzería, donde les comunica que él y Emma van a casarse mañana al medio día. Esa noche, todos se quedan despiertos hasta muy tarde programando lo que van a hacer. Bea se encarga de los postres y la comida, Emma contrata un servicio de planeador de bodas para que organice todo lo necesario, mientras ella escoge un vestido y la ropa para Eleonor y Gaspar. Santos hace las invitaciones a algunos de los socios y empresarios y llama al juez. Adriano organiza el viaje de luna de miel. Había querido ir hace mucho tiempo a Grecia y este es el momento ideal para hacerlo. Gracias al cielo consigue un hotel y un vuelo privado que los llevará hasta allí. El movimiento en la mansión Palumbo comienza desde la madrugada. Nadie está quieto y antes del mediodía, ya todo está listo. Adriano acomoda el boutonniere en la solapa de su saco frente al espejo. La sonrisa no se le ha borrado del rostro desde ayer. Siente que tanta felicidad no
Último capítulo