Terminamos el desayuno y, después de revisar su reloj como si el tiempo también le perteneciera, Adrián se levantó de la mesa.
—Su primer trabajo será en la playa —dijo simplemente.
Se giró y comenzó a caminar hacia la salida del restaurante con la misma determinación con la que caminaba por los pasillos de la oficina: rápido, seguro y sin mirar atrás y como siempre… tuve que correr detrás de él.
—¡Señor, espere! —murmuré mientras intentaba alcanzarlo, ajustando el paso para no quedarme atr