Mundo de ficçãoIniciar sessãoLauren lo perdió todo en una sola noche: su matrimonio, su hogar y hasta el derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Todo por una razón imperdonable: querer ser madre. Lo que comienza como una humillación pública se convierte en una verdad devastadora. Su esposo nunca quiso darle un hijo. Su matrimonio fue solo conveniencia. Y en cuanto deja de ser “útil”, Lauren es expulsada sin dinero, sin respaldo y con su reputación destruida. Señalada como inestable y reducida al silencio, Lauren toma una decisión irreversible: no volverá a amar ni a confiar en ningún hombre. Su único deseo es tener un bebé, aunque tenga que hacerlo sola. Lo que no imagina es que una noche impulsiva, un evento de citas y una confesión sin filtros la pondrán frente a un hombre que no busca amor… pero que no ignora las consecuencias. Porque algunos herederos no nacen del romance. Nacen del deseo, del poder… y de un pequeño error que lo cambia todo.
Ler maisLauren quería que la tierra se abriera y se la tragara. La verdad era que el concepto no estaba mal, pero los candidatos eran terribles.—Amén que hay barra libre. ¡Necesito más vino… o vodka! ¡Algo fuerte! —siseó corriendo a la barra con Ava en uno de los descansos—. ¿De dónde los sacan?—Pues de donde mismo salimos nosotras —se rio Ava—: de los desesperados que buscan algo. ¿Cómo te está yendo?—¡Estoy a punto de ahorcar a alguno! —Lauren hizo un puchero.—Respira, respira. Recuerda que solo estás buscando buenos genes -le recordó Ava.—Ya sé. ¡Dios! ¡A la batalla de nuevo!Pero la verdad era que la batalla ya estaba perdida de antemano, cuando el próximo tipo se sentó frente a ella.—Soy muy espiritual, ¿sabes? Leo cartas, hago limpiezas energéticas… Si quieres, luego te leo el aura, pero son veinte dólares.Lauren se lanzó sobre el botón rojo como si fuera el detonador de una bomba, y el siguiente llegó:—No me gustan las mujeres con amigos hombres… o amigos en general. Tampoco me
—Estoy dispuesta a hacer todo lo que haga falta —sentenció Lauren y el contrato apareció de inmediato.Ella lo leyó de una punta a la otra y firmó como si acabara de agarrarse a una tabla en medio del naufragio.Luego todo fue una vorágine de entrega de trabajo y cuando llegó al departamento de Ava, no le cabían las cosas en las manos, pero estaba más feliz que nunca en los últimos ocho años.—¡LO LOGRASTE! —Ava soltó un grito ahogado y la abrazó.Y Lauren rio por primera vez en semanas sin que le doliera el pecho.—Lo logré…—¡Pues esto hay que celebrarlo! Nos ponemos bonitas, sacamos los vestidos levanta—braguetas y…—¡Solo vamos a comer…!—¡Carne! ¡Vamos a comer carrrrne! —aseguró Ava y se encargó de que Lauren esa noche se pusiera un vestido negro que habría hecho babear a una procesión de caracoles.Cabello suelto, labios rojos y un taxi derechito a un restaurante pequeño, cálido y delicioso.—Ahora sí, dime cuáles son los próximos planes, y sobre todo dime que no te llevarán lej
CAPÍTULO 5. La última oportunidadEsa noche bebieron hasta caer, pero al día siguiente Lauren sacó de la maleta una carpeta que no había abierto en años. Su título universitario: Economía Aplicada con especialización en Análisis de Datos y Estrategia de Riesgo.—Suena grandilocuente —comentó—. En realidad, solo se trata de construir algoritmos de trabajo antes de que las empresas se vuelvan un desastre.—Pues yo no entiendo ni eso —respondió Ava—. Pero empresas se sobran en el mercado. ¡Alguna te querrá!Así que Lauren empezó a enviar currículums. Aplicó a consultoras, a firmas de análisis, a empresas medianas, y por desgracia las respuestas llegaron rápido, demasiado rápido.—Gracias por su interés —le dijo una reclutadora por videollamada—, pero buscamos a alguien con mayor compromiso profesional. Estoy segura de que entenderá.Y no, Lauren no lo entendió hasta la siguiente entrevista, cuando el hombre frente a ella no disimuló.—Señora Rokham, usted estuvo ocho años casada con un e
—¿Sabes qué es lo más ridículo de todo esto? —espetó Nolan alzando la voz—. ¡Que te creas con derecho a dejarme! ¡Después de todo lo que hice por ti!Lauren sintió cómo algo le ardía en el pecho.—¿Hiciste por mí? —repitió—. Me mentiste. Me drogaste. ¡Me quitaste ocho años de mi vida!—¡Te di un apellido! —le gritó Nolan de repente, perdiendo el control—. Te saqué de la nada. ¡Antes de mí no eras nadie, Lauren!El grito resonó en toda la casa, y aunque ella se sobresaltó, lo peor para su marido fue ver que no retrocedía.—¿Crees que el mundo te está esperando con los brazos abiertos? —se burló, señalándola—. Afuera no eres especial. ¡Todo lo que eres ahora lo eres porque yo te lo permití!Lauren apretó los dientes. Las manos le temblaban, pero no bajó la mirada.—Tal vez —dijo con la voz rota—. Pero aun así prefiero eso a quedarme contigo y renunciar para siempre a ser madre.Y ese desafío fue el detonante final.—¡BASTA! —rugió Nolan, golpeando la mesa con el puño—. Siempre lo mismo.
La bofetada resonó tan fuerte que Nolan se quedó aturdido, furioso, sujetándose la cara mientras Lauren lo empujaba con fuerza y corría al otro lado de la habitación. Se envolvió en una bata y su mano se cerró sobre una lámpara.—Si me tocas de nuevo yo voy a ir a la cárcel, ¡pero a ti tu madre te entierra mañana! -le gritó. —¡Me asfixia cuando eres así! —escupió él con desprecio—. ¡Todo se va a los extremos contigo! Por eso nunca fue buen momento para un hijo.Lauren sentía que el corazón se le rompía con cada palabra, entendiendo que había sido compleamente ciega.—¿En general? ¿O conmigo?—Tú sabías desde el principio que mi prioridad era la empresa —se defendió él—. Nunca te prometí hijos…—¡Te pregunté durante ocho años! —espetó Lauren—. ¡Ocho! ¡Si nunca quisiste hijos conmigo… ¿por qué no me dejaste ir?!Nolan la miró como si la pregunta le pareciera ingenua, casi infantil… Como si disfrutara respondiéndola.—Porque funcionabas —respondió por fin—. Eras estable. No exigías. Enc
El silencio que siguió fue absoluto y Lauren se quedó paralizada.—¿Qué quieres decir con que no lo permitirías? —balbuceó como pudo.—Que durante los últimos años me aseguré de que no quedaras embarazada. Eso quiero decir —espetó él apretando los puños y ella sintió un pitido agudo en la cabeza que le nubló el pensamiento.—¿Cómo…? —susurró—. ¡¿Cómo?!—Con anticonceptivos —respondió Nolan—. Todos los días.Lauren se levantó y dio un paso atrás. De pronto, demasiadas cosas empezaron a encajar con una claridad cruel.—El té… —susurró—. Tú siempre me preparabas té por la noche. Incluso cuando llegabas cansado.Recordó cuántas veces había contado ese detalle como una anécdota tierna. Cómo lo había presumido frente a amigas, convencida de que ese gesto era una prueba silenciosa de amor.Y ahora más de treinta personas ajenas a su casa escuchaban cómo la sometían a aquella humillación.—Nolan… yo… ¡Yo me estaba hormonando! —dijo, alzando la voz—. El médico me recetó tratamiento para intent





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