Mundo ficciónIniciar sesiónLauren lo perdió todo en una sola noche: su matrimonio, su hogar y hasta el derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Todo por una razón imperdonable: querer ser madre. Lo que comienza como una humillación pública se convierte en una verdad devastadora. Su esposo nunca quiso darle un hijo. Su matrimonio fue solo conveniencia. Y en cuanto deja de ser “útil”, Lauren es expulsada sin dinero, sin respaldo y con su reputación destruida. Señalada como inestable y reducida al silencio, Lauren toma una decisión irreversible: no volverá a amar ni a confiar en ningún hombre. Su único deseo es tener un bebé, aunque tenga que hacerlo sola. Lo que no imagina es que una noche impulsiva, un evento de citas y una confesión sin filtros la pondrán frente a un hombre que no busca amor… pero que no ignora las consecuencias. Porque algunos herederos no nacen del romance. Nacen del deseo, del poder… y de un pequeño error que lo cambia todo.
Leer másOBJETIVO: Ser madre
PLAN A: Fertilización in vitro
OBSTÁCULO: No hay mucho dinero para eso.
PLAN B (idea de la amiga desquiciada): Ir a un evento de citas a ciegas y conseguir un buen donante.
OBSTÁCULO: ¡Los donantes!
Tenía treinta años, una traición reciente y un divorcio más fresco todavía. ¿A qué iba a esperar? ¿A empezar de cero en el amor, rezar para que le tocara uno bueno esta vez, esperarse otros dos o tres años al matrimonio y otros tantos por los hijos…? Para ser madre ¿cuándo? ¡¿A los cuarenta?!
—¡No! —murmuró para sí misma—. Ya no tengo energía para pasar por todo eso de nuevo.
Así que allí estaba Lauren, sentada en una mesa pequeña, con una copa de vino entre las manos, esperando a su “primera cita”.
Y el primero fue un desastre:
—Yo, la verdad, tengo tres proyectos abiertos, voy al gimnasio todos los días… —dijo mientras Lauren miraba muchos músculos y poco cerebro.
El segundo no fue mejor.
—Antes de seguir, ¿cuánto ganas al mes? Porque me gusta que me consientan, soy un hombre de alto valor —dijo el metrosexual de nariz operada.
El tercero literalmente lo empeoró.
—Las mujeres deberían estar agradecidas de que algún hombre las quiera cuando ya están usadas —dijo el cuarentón con barriga cervecera y Lauren se pudo de pie de un salto.
—¡Dios te guarde y se le olvide dónde! —siseó con orgullo antes de girarse hacia su amiga desquiciada—. ¡Maldición, Ava, no puedo hacer esto! ¡Mi bebé se merece un padre guapo, sexy, inteligente…! ¡Estoy buscando un Rolex, y estos no llegan ni a Cassio!
Mark pasó una mano por su cabello, visiblemente alterado, mientras trataba de responderle a aquella mujer con palabras que ni siquiera pensaba bien, solo le salían en automático.—No es eso… es… estoy comprometido…—Yo no conozco esa palabra —dijo la chica con un puchero calculado y Joel lo observaba con una media sonrisa.—Si prefieres privacidad para no hacer un escándalo, hay un motel justo frente al club —le dijo y señalando al otro lado de la calle y la chica tomó el brazo de Mark con naturalidad.—Podemos ir a hablar allí —sugirió con voz seductora.Pero Mark no respondió; su mirada se quedó fija en la puerta del bar, como si algo invisible lo estuviera frenando; y la chica se colgó de su brazo con paciencia.—¿Quieres ir?Y por un instante que pareció demasiado largo, Mark no supo si lo que estaba viendo era una salida… o exactamente el tipo de error que Lauren temía que cometiera.Y definitivamente algo estaba “cometiendo” porque la mujer casi se le subió encima cuando notó su
La verdad era simple, no podía estar molesto con Lauren así que no tenía más remedio que molestarse consigo mismo. Se sentía como si él mismo se hubiera construido aquella jaula y no tuviera absolutamente ninguna posibilidad —¡o intención!— de salir de ella.Miró el teléfono varias veces antes de decidirse finalmente a marcar, y por suerte o por desgracia Joel respondió bastante rápido.“¿Qué hiciste ahora?” fue su primera y única pregunta y Mark dejó caer el peso de su espalda contra la pared.—Necesito salir. ¿Te apuntas?Hubo un breve silencio al otro lado de la línea como si su amigo estuviera evaluando qué insultos non utilizar.“¿Cómo demonios vas a salir y dejar a tu prometida embarazada en casa?”—Lauren quiere… espacio. Y yo solo necesito un coñac —respondió Mark con cansancio.Joel resopló.“¿Así de mal están las cosas? Porque sabes que eso nunca termina en un solo coñac”.—Joel…“Está bien. Paso por ti”.Media hora después estaban sentados en un bar discreto, uno de esos lu
Lauren no tenía intención de ser cruel, pero ya había pasado demasiado tiempo de su vida callándose lo que de verdad sentía, y ya no estaba dispuesta a seguir nadando en aquella inseguridad, en especial cuando había un bebé entre los dos.—A veces sí —respondió con suavidad—. A veces ni siquiera pareces notar que la gente piensa diferente a ti. A veces siento que voy a ganar dos hijos en lugar de uno.La frase no estaba hecha para herir, sino para ser honesta., y quizás por eso dolió más.—Eso no es justo. —Mark exhaló despacio.—Tal vez no —admitió ella—. Pero es lo que siento.El silencio volvió a hacer eco en las paredes, más pesado que antes; y Lauren miró alrededor descolocada, como si todavía no acabara de adaptarse a aquella casa, haciendo ese gesto inconsciente que él ya conocía.Mark la miró con una mezcla de ternura y culpa, porque sabía que decirle: “Yo soy así” no era la respuesta que solucionaría nada.—Lo lamente. Nunca quise que te sintieras insegura conmigo.—No es ins
Lauren regresó a casa con los pasos tensos, el bolso colgado del hombro como si pesara el doble y la mandíbula apretada con una fuerza que le dolía. No saludó a nadie. No preguntó por nada. Caminó directo hacia la sala, se quitó los zapatos de un movimiento brusco y los dejó caer sin cuidado.Mark entró detrás de ella apenas unos segundos después, con la cabeza baja como el niño que sabe que ya tiene la tormenta encima.—Lauren… —intentó decir pero ella solo se cubrió la cara con las manos.—No quiero escucharte —respondió sin siquiera girarse y él cerró la puerta con cuidado, como si el gesto pudiera suavizar lo que se venía.—Por favor, solo dame un minuto para explicarte…—¡No! —Lauren se giró por fin, los ojos brillando de rabia mal gestionada—. ¡No quiero tus explicaciones, Mark! ¡No quiero tu versión! Ahora mismo no quiero nada… solo estar tranquilita y sola.Mark respiró hondo, tratando de no perder la calma.—No tengo absolutamente nada que ver con Amber, te lo juro.—¡No me i
Pero el problema de cuando Mark Ellison se encarrilaba, era que ya no había quien le pusiera freno.—Lo lamento mucho —dijo, señalando a Lauren con el pulgar—. Mi esposa está atravesando una etapa complicada con las hormonas del embarazo, pero de ninguna manera va a estar acostándose con nadie —bufó encogiéndose de hombros mientras Javier lo miraba con la boca abierta—. Y debo reconocer que también es un poco culpa mía también que no tenía ni idea de que había una señorita… sin ropa en mi oficina.—¡Tu amante! —siseó Lauren.—“Antigua” amante —corrió él—. Mucho antes de que llegaras tú a mi vida a ponérmela de cabeza. Pero la cosa es que no te permito que pongas de cabeza a nadie más…—Esa no era precisamente la posición en la que estaba pensando —le sonrió Javier solo para ver cómo Mark se ponía colorado.Y Lauren se llevó dos dedos al puente de la nariz porque si la medición de miembros hubiera sido física, le habría dado menos vergüenza.—Mark, por favor, estás haciendo el ridículo
La negociación comenzó de inmediato, y Lauren tenía que reconocer que era una suerte que no hubiera conocido a Javier Vázquez antes que a Mark, porque definitivamente le habría hecho un asalto a mano armada a aquel CEO tan… distinguido.—Trabajé con Nolan durante años —explicó Javier mientras abría el menú—. Y debo decir que el algoritmo que en ese momento me ofreció, cambió completamente la forma en que gestionábamos nuestras importaciones.Lauren asintió.—Ese era el objetivo, aunque en ese momento no tenía ni idea de que había personas usando mi algoritmo —respondió Lauren—. No es eficiente para todo tipo de empresas.—Ese es precisamente el problema —continuó él—: que mi empresa tiene necesidades más específicas. Tu algoritmo es maravilloso, pero para nosotros necesitaríamos algo más… especializado.—Eso es perfectamente posible de diseñar, señor Vázquez —respondió Lauren—. Pero primero tendría que entender exactamente qué resultados espera obtener.—Javier, por favor. Ya que vamo





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