CAPÍTULO 111. Arenas movedizas
Lauren regresó a casa con los pasos tensos, el bolso colgado del hombro como si pesara el doble y la mandíbula apretada con una fuerza que le dolía. No saludó a nadie. No preguntó por nada. Caminó directo hacia la sala, se quitó los zapatos de un movimiento brusco y los dejó caer sin cuidado.
Mark entró detrás de ella apenas unos segundos después, con la cabeza baja como el niño que sabe que ya tiene la tormenta encima.
—Lauren… —intentó decir pero ella solo se cubrió la cara con las manos.
—No