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CAPÍTULO 5. La última oportunidad

CAPÍTULO 5. La última oportunidad

Esa noche bebieron hasta caer, pero al día siguiente Lauren sacó de la maleta una carpeta que no había abierto en años. Su título universitario: Economía Aplicada con especialización en Análisis de Datos y Estrategia de Riesgo.

—Suena grandilocuente —comentó—. En realidad, solo se trata de construir algoritmos de trabajo antes de que las empresas se vuelvan un desastre.

—Pues yo no entiendo ni eso —respondió Ava—. Pero empresas se sobran en el mercado. ¡Alguna te querrá!

Así que Lauren empezó a enviar currículums. Aplicó a consultoras, a firmas de análisis, a empresas medianas, y por desgracia las respuestas llegaron rápido, demasiado rápido.

—Gracias por su interés —le dijo una reclutadora por videollamada—, pero buscamos a alguien con mayor compromiso profesional. Estoy segura de que entenderá.

Y no, Lauren no lo entendió hasta la siguiente entrevista, cuando el hombre frente a ella no disimuló.

—Señora Rokham, usted estuvo ocho años casada con un empresario de alto perfil —dijo—. Y aun así decidió crear un escándalo público por motivos personales.

Lauren apretó los labios.

—¿Qué…? —respondió—. No…

—Desde nuestra perspectiva —replicó él—, no parece alguien que priorice la estabilidad empresarial.

Y en ese momento se dio cuenta de que Nolan había creado su propia versión y la había difundido para cerrarle cualquier oportunidad de trabajo en la ciudad. A ese ritmo no podría conseguir ni un puesto limpiando baños.

—Nolan está detrás de esto. Me rechazan porque dicen que no prioricé su empresa, que fui egoísta, que puse mis deseos por encima de todo —susurró con desesperación casi cuatro semanas después—. ¡No encontraré trabajo con su apellido persiguiéndome!

—¿Entonces qué vas a hacer? —la increpó Ava.

—Solo me queda una opción: aceptar un trabajo menor, en remoto, donde nadie me vea. Y por supuesto, usando mi apellido de soltera: Hale.

Ava sonrió y levantó su taza.

—¡Entonces brindemos por Lauren Hale!

Y la odisea volvió a empezar, hasta que una noche su teléfono vibró sobre la mesa con un correo nuevo; uno que la dejó atónita después de leer las primeras palabras:

“Estimada Srta. Hale:

Nos complace informarle que la empresa ECG Global ha recibido su solicitud para el trabajo como analista de bases de datos, y nos gustaría ofrecerle el puesto de SUPERVISORA REGIONAL en remoto. Si está de acuerdo, preséntese el lunes en nuestras oficinas para su contratación inmediata”.

Y aunque la noticia parecía buena, Lauren solo frunció el ceño, pensando en Nolan. Después de tantos rechazos, no sabía si esto era una oportunidad… o una jugada suya para acabar de destruirla.

—Esto suena demasiado bueno… —murmuró mientras le enseñaba el correo a su amiga—. Después de todo lo que ha pasado… ECG Global es un gigante comercial, ¡tendría suerte si entro como asistente! Que me ofrezcan un puesto así de repente… Nolan puede estar detrás de esto…

—Justamente por eso tienes que ir a la entrevista—insistió Ava—. Si ese cabrón está tramando algo es mejor saberlo desde ahora.

Lauren respiró hondo, como si se estuviera preparando para lanzarse al vacío.

—Está bien —dijo al fin—. Mañana iré.

Se arregló con profesionalismo y fue a la entrevista a pesar de sus dudas. Aunque para su sorpresa, las oficinas de contratación de ECG Global no tenían el brillo intimidante que Lauren había imaginado. ¿Sería una e****a? Entró conteniendo el aliento en aquel edificio sobrio, funcional, y un señor mayor la recibió en una oficina eficiente.

—¿Lauren Hale? —preguntó levantando la vista del escritorio.

—Sí —respondió ella—. Recibí un correo de contratación de su parte.

El señor asintió con una sonrisa breve.

—Ah, sí, sí… el correo. La verdad es que pensé que no aceptaría el puesto —dijo ofreciéndole una silla.

—¿Y por qué no? —preguntó Lauren con cautela y lo vio restregarse la cara.

—Verá… es que el puesto no es para la oficina central. ECG Global adquirió hace poco una sucursal pequeña. Una firma de análisis cuyo dueño decidió vender y llevarse consigo a gran parte del equipo. Como empresa es rentable, pero sin el equipo de trabajo… básicamente no dejaron sin analistas, sin supervisores, sin estructura operativa. Necesitamos reconstruir rápido o la inversión se pierde. Por eso la urgencia.

Lauren procesó la información con rapidez.

—Entonces… ¿el cargo?

—Es de supervisora regional para esa sucursal en específico —aclaró el hombre.

—¿Y tiene cuántas regiones?

—Emmmm… una —admitió él y Lauren comprendió que estaba inflando el título con tal de que alguien aceptara el puesto—. Escuche, sí es mucho trabajo, mucha presión, pero también mucha autonomía. ¡Y es remoto la mayor parte del tiempo! Además, espero que pronto podamos conseguirle a todos los analistas que necesita, mientras tanto…

—Mientras tanto espera que yo haga todo el trabajo.

—“Posible” —terminó él—. Le pediría que haga todo el trabajo posible, y le pagaría horas extra… ¡Muchas horas extra! —carraspeó—. Y también está la cuestión de que el jefe es un poco… “particular”, hay que sobrellevarlo.

—O sea que es un completo ogro.

—¡Totalmente! ¡Pero oiga, pagamos bien!

Y la duda estaba, el temor también, pero por desgracia Lauren ya no tenía más opciones.

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