Mundo ficciónIniciar sesión
Mark levantó la mano y chasqueó los dedos con la autoridad de quien está acostumbrado a controlarlo todo.
Un hombre apareció casi de inmediato a su lado, servicial.
—¿Señor?
—Cierra el evento. Desocupa el salón y el último piso del hotel —ordenó y el hombre inclinó la cabeza antes de recordar algo.
—Señor, hay un inconveniente —dijo en voz baja—. No se pudo desalojar completamente el piso superior. El alcalde tiene una reserva privada.
Lauren miró a Mark, pensando que su cita estaba a punto de terminar. Aquel hombre podía ser muy poderoso, pero nadie podía meterse con un pez tan gordo como el propio alcald…
—Muévanlo a otro hotel —ordenó Mark dejándola con la boca abierta—. Cubran los gastos y envíen disculpas. No quiero interrupciones esta noche.
Lauren ahogó un gemido de sorpresa cuando él la levantó contra su cuerpo y habló solo a un centímetro de su boca.
—Esta noche voy a hacerte un bebé, Lauren. —Y casi se escuchó más como amenaza que como promesa—. Y te garantizo que vas a disfrutarlo.
Y Lauren ni siquiera era capaz de dudarlo, porque después de ocho años de traiciones y mentiras de su exesposo, ya no tenía nada que perder. Solo quería una noche loca, un hijo, y desaparecer después, y él podía darle todo eso.
—¡Mark…! —jadeó sin poder evitarlo cuando sintió cada parte de él ponerse dura contra su piel, tenso, como si estuviera listo para hacérselo encima de la mesa.
—¡Uff! Me encanta mi nombre en tu boca —gruñó Mark metiéndose entre sus piernas, aprisionándola de tal forma que ella podía sentir… ¡todo!—. No tienes idea de lo que voy a poner en ella… —aseguró mientras sus dedos empezaban a subir lentamente aquel vestido—. ¡Maldición, no tienes idea de todo lo que voy a poner dentro de ti!... y no puedo esperar a que lo supliques.
Lauren se mordió el labio inferior, y aunque una parte de ella le decía que estaba loca, la otra le decía que se merecía disfrutarlo. Así que cuando la lengua de Mark Ellison se hundió en su boca, borró por completo la humillación y la vergüenza que había estado sufriendo por semanas, para convertirla en una mujer que solo podía sentirlo a él… Hasta que escuchó aquellas palabras en su oído:
—¿Tienes algún problema con la sujeción?
Las pupilas de Lauren se dilataron cuando él subió sus manos por aquella pared, interpretó la sorpresa como un “sí”, y cerró sus muñecas en un extremo de su cinturón antes de cerrar la otra alrededor de su garganta, dejando que sus pies apenas tocaran el suelo.
—Eso es… —susurró con el deseo vibrándole en la voz—. Tú quieres un hijo… —dijo con voz ronca mientras iba quitándole la ropa pieza por pieza—, y yo quiero que seas mía. Así que esta noche los dos vamos a tener lo que queremos.
Retrocedió un solo paso, y mientras soltaba cada botón de su bragueta Lauren no tenía ni idea de que Mark Ellison jamás la dejaría escapar.
—Ahora, preciosa… —ordenó él mientras la veía contener el aliento—. Abre las piernas.







