Mundo ficciónIniciar sesiónPaulina Maldonado ha pasado toda su vida luchando contra su discapacidad, el rechazo de su padre y la crueldad constante de su hermana menor. Aun así, logró construir una vida respetada gracias a su trabajo, su dedicación y a un compromiso que creyó sincero con Mike Hilton, el hombre al que amó desde la adolescencia. Pero todo se derrumba en segundos. Una traición la obliga a enfrentar la verdad: Mike nunca la amó. Él y su hermana llevan meses engañándola y planeando usarla para destruir a Edward, el hermano ilegítimo de la familia Hilton y además su Ex novio de preparatoria Paulina decide que no volverá a ser la víctima. Dispuesta a recuperarse y a demostrar su valor, se une al único hombre capaz de ayudarla: Edward, quien también carga con su propia herida del pasado. Lo que empieza como un acuerdo estratégico se convierte en una alianza peligrosa que desata secretos, venganzas y amor.
Leer másCapítulo 1
Narra Paulina... Me coloqué la férula con cuidado, como lo hacía todos los días desde que tenía memoria. Aún después de tantos años, siempre terminaba apretando los dientes cuando cerraba las correas. Era un recordatorio constante de lo que había pasado cuando tenía ocho años, el accidente que cambio mi vida. Ese día perdí a mi madre y perdí la movilidad de mi pierna derecha. Mi padre nunca superó la muerte de mi madre. Pero en lugar de llorarla, me culpó. Cada vez que me mira, veo ese rechazo que no necesita palabras. Y mi hermana menor, Liliana, heredó esa misma forma de tratarme, Ella no desperdicia ninguna oportunidad para humillarme. Lo hace con una sonrisa dulce, como si fuera un gesto inocente, pero cada palabra suya es un veneno que me quema Aun así, no queria pensar en eso, hoy era un día especial para mí. Era mi fiesta de compromiso con Mike Hilton, mi novio de toda la vida. Me puse un vestido verde oscuro, elegante, ajustado en la cintura y con un escote discreto, nada me iba a arruinar la noche. Bajé con cuidado los escalones, apoyándome en la baranda. Nadie lo notó porque ya estaban acostumbrados. Cuando Mike me vio, caminó hacia mí con esa sonrisa que me derretía de amor. —Estás hermosa —susurró, tomándome la mano. Me besó en los labios frente a todos. Sentí que, por un momento, nada más importaba. A pesar de mi discapacidad, había logrado construir una vida respetable. Hacía obras de caridad, ayudaba en los eventos comunitarios y también me encargaba de muchos asuntos de la naviera de mi padre. La gente lo sabía, y me trataban con respeto. Aunque siempre hay quienes no pueden evitar hablar. —Pobrecita… con esa pierna no debe ser fácil —susurró una mujer. —Yo no podría vivir así —dijo otra. Me giré con calma, levanté la copa y sonreí. —No se preocupen, señoras. Mi pierna funciona mejor que muchas lenguas imprudentes que hay por ahí—respondí segura Varias personas se quedaron en silencio. Otras rieron incómodas. Fingi que no me importaba, pero mi discapacidad siempre me dolió, aunque jamás lo admitiría en voz alta. Era una herida abierta. Mike me tomó de la cintura y me acercó a él. —No escuches nada de eso —murmuró, dándome un beso en la frente Yo asentí. Lo amaba desde que éramos adolescentes. Él siempre me había tratado bien, siempre me había dicho que yo era suficiente, que no necesitaba ser perfecta para que él me quisiera. Cuando llegó el momento de colocarme el anillo, un murmullo recorrió el salón. Mike había visto algo o más bien, a alguien que de inmediato se incomodo Su mandíbula se tensó. —¿Qué hace ese imbécil aquí? —murmuró, sin soltar mi mano. Seguí su mirada. Allí estaba Edward Hilton, su hermanastro. Alto, atractivo, con trajes caros y una presencia arrolladora . Se suponía que no debía estar invitado. Su relación con Mike era un desastre desde hacía años. Según Edward, Mike le había robado parte de la herencia. Edward y yo fuimos novios en el pasado, el fue mi primer amor, y me engaño con una chica popular en la preparatoria, gracias a ese engaño encontré a Mike en mi vida. Mike dio un paso para ir a enfrentarlo, pero yo lo detuve. —Déjame hablar con él. No arruinemos la noche. —Paulina, no quiero que te acerques a ese tipo. No es confiable —me advirtió. —Puedo manejarlo —respondí, dándole un beso. Solté su mano y caminé hacia Edward. Él ya me estaba observando, con esa sonrisa burlona —Buenas noches, Edward —dije, manteniendo mi compostura y le pedí que me acompañará al jardín —. Esta es una reunión privada. Te pido que te retires. Él me miró de arriba abajo, sin disimular, siempre con esa sonrisa coqueta que deslumbraba a las demás, pero no a mi ya no. —Solo vengo a felicitar a la prometida perfecta —respondió, cruzándose de brazos—. Aunque no entiendo cómo puedes casarte con ese payaso. —El payaso lo tengo justo enfrente —contesté altiva —¿Por qué no viniste con Pamela? —le recordé su engalo Él soltó una risa incomoda. —Nunca me dejaste explicar —No vine a escuchar tus mentiras. Solo quiero que te vayas. No tiene sentido que estés aquí, los dos sabemos que no eres bienvenido Edward se acercó un poco más su presencia era fuerte, su mirada intimidante, mi corazón retumbó un momento —No voy a dejar que Mike siga saliendose con la suya, Paulina —me dijo serio. —Ya se que quieres el dinero de la herencia del padre de Mike, si tanto te hace falta yo te doy ese dinero —le respondí, algo altanera —. Solo déjanos en paz. Él levantó una ceja. —¿Es eso lo que Mike te dijo? ¿Que vengo detrás de la herencia? —Sí. Y que tú… —Paulina —interrumpió él dandome un beso a la fuerza Le di una cachetada —Miserable, vete de aquí Edward. —Se que me odias y que entre los dos solo existe rencor, Pero espero que ese idiota no te haga daño Lo ignore Volví con Mike, tratando de ignorar a Edward y lo que en represento en mi vida. Esa noche seguí sonriendo, recibiendo felicitaciones y aparentando que todo estaba bien. Los siguientes días fueron muy ocupados. Todo el mundo hablaba de la fiesta que estábamos preparando. Iba a ser el evento más grande de la ciudad, una celebración elegante, llena de empresarios, políticos y socios de la naviera. Yo quería que fuera perfecta, no solo por la imagen de mi familia, sino también por Mike. Quería demostrarle que yo estaba a su altura, que podía ser una buena esposa, que podía superar cualquier cosa a pesar de mi discapacidad. Las palabras de Edward me habían molestado, pero preferí no darles importancia. Él no conocía a Mike como yo. Era imposible que Mike me lastimara. Al contrario, siempre decía que quería protegerme. Por eso se me ocurrió sorprenderlo. Era sábado, ya casi de noche. Pasé horas en el centro comercial, escogiendo algo que jamás pensé comprar: un conjunto sexy de encaje negro. Me dio un poco de vergüenza, pero también emoción. Yo todavía era virgen. No porque no quisiera estar con Mike, sino porque siempre tuve inseguridades con mi cuerpo. Pero ya faltaba poco para la boda y quería dar ese paso con él. Llevaba un abrigo largo encima para que nadie notara la ropa que escondía. Tomé un taxi y fui directo al departamento de Mike, quería hacerlo sentir especial. Quería que esa noche me viera de una forma distinta. Como su futura esposa. Como la mujer que quería amar. Cuando llegué, entré con la clave que él mismo me había dado. La luces estaban apagadas. Me temblaban un poco las manos por los nervios. Decidí esconderme en el closet de su dormitorio para esperarlo. Sería una sorpresa. Me acomodé entre sus camisas, tratando de no hacer ruido. Escuché la puerta del departamento abrirse diez minutos después. —Por fin… —escuché la voz de Mike, algo agitada. Sonreí, respiré profundo, quería salir, Pero me di cuenta que no estaba solo —Cierra la puerta… —dijo Mike. Y alguien rió. Una risa que conocía demasiado bien. Era mi hermana. Sentí que el corazón se me salía del pecho, Abrí la puerta del closet apenas un par de centímetros. Y lo vi. Mi hermana estaba contra la pared, con los brazos alrededor del cuello de Mike, besándolo, Él la tenía agarrada de la cintura, subiéndole el vestido mientras la empujaba hacia la cama. —No sabes cuánto te extrañé… —jadeó mi hermana. —Tenía que fingir con tu hermana—respondió Mike, besándole el cuello—. Pero tú sabes que eres la única mujer que quiero en mi cama. Mi estómago se retorció. Sentí que iba a vomitar. Ella empezo a gemir cuando él la apretó contra su cuerpo. —Más despacio —dijo entre risas ahogadas—. No quiero que me marques el cuello, ella va a sospechar. —A mí no me importa si sospecha —respondió Mike, metiendo sus manos bajo su ropa interior—. Siempre ha sido tonta. Cree todo lo que le digo. Mi hermana dejó escapar un gemido más duro —Ahí… Mike… así… —susurró, con la voz temblorosa—. Hazme tuya. Me cubrí la boca con la mano para no gritar. Las lágrimas salian sin poder controlarlas, Sentía que el mundo se me partía en dos. Verlos así… juntos… traicionándome de esa manera… era algo que jamás en la vida habría imaginado. Seguían besándose, tocándose, riéndose de mí. —Cuando te cases con ella, tendremos acceso a todo —dijo mi hermana, respirando agitada mientras se quitaba la blusa—. La empresa, las cuentas, el poder… todo será nuestro. —Y podremos aplastar a Edward —respondió Mike, desabrochándose la camisa—. Ese idiota no sabe lo que le viene. Él piensa que puede recuperar algo, pero cuando esté casado con Paulina, voy a controlar todo. Y lo voy a aplastar —La pobre lisiada no sospecha nada —rió mi hermana, llevándose la mano al pecho mientras él la besaba—. Se merece lo que le está pasando. Escuché el sonido de la ropa cayendo, sus jadeos, la cama moviéndose, ellos gimiendo como locos Era una escena que me desgarraba Me quede tirada en el piso del closet. Me cubrí la boca para no hacer ruido Minutos después, cuando los gemidos se volvieron más intensos, me quedé completamente paralizada. —No te detengas… —gemía mi hermana—. Quiero más… más… —Eres mía —susurró Mike con la voz ronca—. Eres candela ... Mil veces mejor que ella Cuando por fin se quedaron en silencio, me limpié la cara con las manos, me habían quebrado. Los dos jugando fueron a ducharse juntos, así que salí del closet en cuanto escuché la ducha encenderse. Bajé las escaleras del edificio con las lágrimas corriéndome por la cara. Pero una idea se formó dentro de mí, no iba a dejarlos salirse con la suya. —Me las van a pagar —susurré—. Los dos. Me las van a pagar.Capitulo 66Crei que se iría, que entendería que era lo mejor, para los dos—Mirame a los ojos y dime qué no me amas ¡Júramelo! —me lanzó un grito desesperado—Lo juro —intente sonar segura Pero baje la mirada, eso hizo que entendiera mi mentira.—No estás diciendo la verdad —insistió—. Te conozco. Solo estás intentando alejarme por todo este problema con Santiago. Siempre haces lo mismo cuando tienes miedo.Tenía que mantenerme firme, aunque se me rompiera el alma.—No es así —respondí—. Alex ha sido muy importante para mí. Se quedó conmigo cuando todos pensaron que estaba muerta. No me soltó, no me dejó y el es muy diferente a ti.Apenas terminé la frase me arrepentí. Sonaba cruel, pero era lo único que podía usar para herirlo lo suficiente como para que se alejara de mi. Necesitaba mantenerlo lejos, Él no lo entendía.—¿Diferente? —repitió con una risa sarcástica — ¿En qué puede ser diferente? ¿Te hace mejor el amor que yo? Porque incluso eso sería una mentira.No respondí, no sabí
CAPÍTULO 65Crystal me tenía tomada de las manos y no dejaba de mirarme con los ojos llenos de lágrimas.—Paulina… por favor —me dijo con la voz temblorosa—. No te alejes de él. Edward te ama. Siempre te ha amado. Yo… yo ya no puedo darle lo que necesita. Tú sí.Negué de inmediato.—Crystal, olvídate de eso. Yo estoy enamorada de otro hombre. Edward es parte de mi pasado.—No —respondió sin soltarme—. Tú eres la mujer que él más ha amado en su vida. No lo niegues.Respiré hondo. Me costaba mantener el control.—No puedo estar con él —insistí—. No es por ti. Es por Santiago. Si él se entera de que nos vimos, podría atacarlo.Ella bajó la mirada.—Lo sé. Pero aun así quiero que lo intentes. Él merece ser feliz. Aunque no sea conmigo.No supe qué decirle. Me fui con Samuel en silencio. Cuando subimos al auto, le pedí algo que me salió del alma.—Samuel… protégelo. Protégelo por favor, Santiago puede enojarse cuando sepa que estuvimos en el mismo lugar.Él asintió sin dudar.—Voy a poner
CAPÍTULO 64Le pedí a Samuel un momento, era yo quien debía hablar con Edward y explicarle mi situación, y debía ser por mi no por nadie más.—¡¿Quien es el?!¿Estás enamorada de otro hombre? Te pido que seas sincera conmigo —me tomo de las manos y me miró a los ojos esperando una respuesta.—Es mi jefe de la policia, es una historia larga, pero solo te puedo decir que soy infiltrada.El abrió los ojos sin entender nada, la verdad es que a mí también me costaba entender lo que sucedía.—¿Infiltrada? Necesito que me expliques todo, creo que lo merezco, te amo y sabes que daría mi vida por ti, yo daría todo por ti.Cuando escuché a Edward decir que daría lo que fuera por mí, sentí que algo dentro de mí se quebraba. Él me miraba como antes, con esa intensidad que me dejaba sin aire. Pero yo sabía que no podíamos seguir ese camino.—Edward… —susurré—. No podemos estar juntos. Ya no. Tu vida es otra. Tú hiciste lo correcto. Seguiste adelante. Yo no puedo aparecer ahora y destruir todo.Él n
CAPÍTULO 63Edward se acercó a mí sin poder creer lo que veía. Tenía el rostro pálido, los ojos abiertos, y cuando tomó mis manos, noté que temblaban—¿Estás viva? —preguntó con la voz rota—. ¿Eres tú… de verdad eres tú?—Sí, Edward. Soy yo —le respondí con la voz quebradaNo alcanzó a decir nada más. Se desmayó frente a todos.Grité pidiendo ayuda y varios empleados del club corrieron a auxiliarlo. Lo llevaron a la enfermería mientras yo caminaba detrás, todavía sin poder procesar nuestro reencuentro. Pero antes de llegar, Cristal me interceptó, ella tampoco podia creer que yo estaba viva y por supuesto me veía como una amenaza para su futura vida a su lado—¿Qué haces aquí? —me gritó—. ¿Por qué regresaste? ¡Lo único que haces es destruirle la vida al hombre que amo!Intentó empujarme, pero Ana María la detuvo de inmediato, se interpuso entre las dos evitando una discusión —¡Cristal, basta! —le ordenó manteniendo el control —. No la toques.—¡Ella no debería estar aquí! —insistió
Capítulo 62Regresamos a la ciudad, pero mi padre se quedó en España con Nina y los niños. Dejar a mi hijo fue como arrancarme una parte del alma. Lo abracé, Lo olí, lo memoricé, necesitaba grabarlo en mí para resistir la distancia.Me repetí mil veces que lo hacía por ellos. Por su futuro y por su tranquilidad.En el avión, apenas hablé. Alex se sentó a mi lado y no me dijo nada en el vuelo, Solo tomó mi mano.Antes de aterrizar, me hizo la pregunta que sabía que iba a llegar.—¿Esto tiene que ver con Edward? —dijo—. ¿Volver implica volver a él?Lo miré de frente, y no dudé en mi respuesta —No —respondí—. No regreso por Edward. Regreso por mí, lo amo pero no misión es mi prioridad.No dijo nada más, solo asintió.Cuando llegamos al hotel, sentí algo extraño en el pecho, Me acerqué al mostrador y me registré con mi nombre en alto para que me escucharan—Paulina —dije en voz alta.Subí a la habitación esperando indicaciones, pero por hoy quería descansar.Muy temprano en la mañana, E
Capítulo 61Saber que Santiago estaba libre fue una pesadilla hecha realidad, Sentí un escalofrío recorrer toda mi piel, su sombra hubiera vuelto a llegar a mi, a reepirar detrás de mí.Le pregunté al detective de la DEA cuál era el siguiente paso. Me dijo que, por ahora, lo más seguro era que nos quedáramos en ese lugar. Aseguró que iban a reforzar la vigilancia y asignar a los mejores agentes disponibles para protegernos. Se que su trabajo era tranquilizarme, pero se notaba que estaba tan aturdido como nosotros, que no sabía dónde estaba el y de lo que era capaz.Santiago había empezado a mover sus influencias. Estaba preguntando en el bajo mundo por mi, presionando y pagando por información, No buscaba solo saber dónde estaba yo. Buscaba al bebé, al pequeño Fernando porque seguía convencido de que era suyo.Sentí un nudo en el estómago. La idea de que mi bebé estuviera en riesgo me quemaba el alma, El detective fue sincero todo el tiempo con nosotros, no tenían su paradero exact





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