Mundo de ficçãoIniciar sessãoPaulina Maldonado ha pasado toda su vida luchando contra su discapacidad, el rechazo de su padre y la crueldad constante de su hermana menor. Aun así, logró construir una vida respetada gracias a su trabajo, su dedicación y a un compromiso que creyó sincero con Mike Hilton, el hombre al que amó desde la adolescencia. Pero todo se derrumba en segundos. Una traición la obliga a enfrentar la verdad: Mike nunca la amó. Él y su hermana llevan meses engañándola y planeando usarla para destruir a Edward, el hermano ilegítimo de la familia Hilton y además su Ex novio de preparatoria Paulina decide que no volverá a ser la víctima. Dispuesta a recuperarse y a demostrar su valor, se une al único hombre capaz de ayudarla: Edward, quien también carga con su propia herida del pasado. Lo que empieza como un acuerdo estratégico se convierte en una alianza peligrosa que desata secretos, venganzas y amor.
Ler maisCAPÍTULO 63Edward se acercó a mí sin poder creer lo que veía. Tenía el rostro pálido, los ojos abiertos, y cuando tomó mis manos, noté que temblaban—¿Estás viva? —preguntó con la voz rota—. ¿Eres tú… de verdad eres tú?—Sí, Edward. Soy yo —le respondí con la voz quebradaNo alcanzó a decir nada más. Se desmayó frente a todos.Grité pidiendo ayuda y varios empleados del club corrieron a auxiliarlo. Lo llevaron a la enfermería mientras yo caminaba detrás, todavía sin poder procesar nuestro reencuentro. Pero antes de llegar, Cristal me interceptó, ella tampoco podia creer que yo estaba viva y por supuesto me veía como una amenaza para su futura vida a su lado—¿Qué haces aquí? —me gritó—. ¿Por qué regresaste? ¡Lo único que haces es destruirle la vida al hombre que amo!Intentó empujarme, pero Ana María la detuvo de inmediato, se interpuso entre las dos evitando una discusión —¡Cristal, basta! —le ordenó manteniendo el control —. No la toques.—¡Ella no debería estar aquí! —insistió
Capítulo 62Regresamos a la ciudad, pero mi padre se quedó en España con Nina y los niños. Dejar a mi hijo fue como arrancarme una parte del alma. Lo abracé, Lo olí, lo memoricé, necesitaba grabarlo en mí para resistir la distancia.Me repetí mil veces que lo hacía por ellos. Por su futuro y por su tranquilidad.En el avión, apenas hablé. Alex se sentó a mi lado y no me dijo nada en el vuelo, Solo tomó mi mano.Antes de aterrizar, me hizo la pregunta que sabía que iba a llegar.—¿Esto tiene que ver con Edward? —dijo—. ¿Volver implica volver a él?Lo miré de frente, y no dudé en mi respuesta —No —respondí—. No regreso por Edward. Regreso por mí, lo amo pero no misión es mi prioridad.No dijo nada más, solo asintió.Cuando llegamos al hotel, sentí algo extraño en el pecho, Me acerqué al mostrador y me registré con mi nombre en alto para que me escucharan—Paulina —dije en voz alta.Subí a la habitación esperando indicaciones, pero por hoy quería descansar.Muy temprano en la mañana, E
Capítulo 61Saber que Santiago estaba libre fue una pesadilla hecha realidad, Sentí un escalofrío recorrer toda mi piel, su sombra hubiera vuelto a llegar a mi, a reepirar detrás de mí.Le pregunté al detective de la DEA cuál era el siguiente paso. Me dijo que, por ahora, lo más seguro era que nos quedáramos en ese lugar. Aseguró que iban a reforzar la vigilancia y asignar a los mejores agentes disponibles para protegernos. Se que su trabajo era tranquilizarme, pero se notaba que estaba tan aturdido como nosotros, que no sabía dónde estaba el y de lo que era capaz.Santiago había empezado a mover sus influencias. Estaba preguntando en el bajo mundo por mi, presionando y pagando por información, No buscaba solo saber dónde estaba yo. Buscaba al bebé, al pequeño Fernando porque seguía convencido de que era suyo.Sentí un nudo en el estómago. La idea de que mi bebé estuviera en riesgo me quemaba el alma, El detective fue sincero todo el tiempo con nosotros, no tenían su paradero exact
CAPÍTULO 60 Apenas Edward se alejó, me agaché para no perder el equilibrio. Sentía las piernas temblarme, tome aire. No podía quedarme ahí, no podía arriesgarlo a él ni a mi padre. Me levanté rápido y fui a buscar a papá y al policía. Teníamos que salir de inmediato.Cuando nos reunimos en el pasillo trasero, papá estaba agitado y muy nervioso por lo que íbamos a hacer.—Acabo de ver a Edward ¿Sabes porque está aquí?—le pregunté mientras avanzábamos.Papá suspiró y me miró a los ojos con esa expresión de arrepentimiento —Estuvo pendiente de mí durante todo este tiempo —confesó—. Me cuidó. Aunque sé que no lo hizo por cariño a mi si no por cariño a ti, Paulina, perdoname, el si era un buen hombre y por avaricia te aleje de él.Me sorprendió su sinceridad, conocía a mi padre y siempre se justificaba para no admitir sus responsabilidades, pero está vez abrió su corazón y me dijo la verdad —Papá, eso quedó atrás —le dije tomando su mano —. Ahora lo único que importa es protegernos, de
CAPÍTULO 59 No entendía por qué Ana María me pedía que soltara a Edward. ¿Cómo podía pedir eso si ella misma acababa de decirme que él había sufrido mucho con mi muerte? Sentía un nudo en el estómago mientras la escuchaba, como si una roca en medio del pecho, no me dejara respirar.Yo solo deseaba reconstruir la familia que siempre soñamos, esa esperanza fue la que me mantuvo con vida los meses que estuve en ese encierro, pensar que Edward y yo por fin podíamos tener la vida que merecíamos me daba fuerzas para seguir respirando.—No lo entiendo —le dije—. Si él sufrió tanto… ¿cómo me dices que lo deje? Sabes que seremos felices que podemos luchar contra Santiago.Ana María se sentó a mi lado, tomó aire y habló con tranquilidad, y eso me demostró aún más la seguridad de sus palabras, porque ella estaba convencida de lo que estaba diciendo.—Porque lo vi, Paulina. Vi cómo mi hermano se apagó cuando le dijeron que estabas muerta. Durante dos semanas pensó en quitarse la vida. Creí que
CAPÍTULO 58 El momento en que vi el cuerpo de Liliana caer al suelo fue como si mi vida se me partiera en dos. Escuché el golpe seco, sentí cómo todas las empleadas gritaban horrorizadas, y yo… yo solo podía tocarme el pecho. Sentí un dolor brutal que me atravesó de lado a lado, Intenté respirar, pero el aire no entraba a mis pulmones. Sentí que me aplastaban un piano enorme sobre mi pecho, no soporte más, lance un grito y por un momento pensé que me iba a morir.Cuando abrí los ojos, no reconocí dónde estaba. Había luces blancas en el techo, Tenía tubos conectados a mis brazos y pecho. Intenté levantarme pero el cuerpo no me respondió, se sentía pesadoEl médico entró con expresión seria y me reviso la máquina de signos vitales—¿Que me pasó?¿Dónde estoy? —logre decir con la voz debil—Tuviste un infarto —dijo tomando mi mano —. Por poco no lo cuentas, Al parecer heredaste los problemas cardíacos de tu padre.No pude reaccionar de inmediato. La palabra infarto me asustó, pero
Último capítulo