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CAPÍTULO 2. La loca obsesionada

El silencio que siguió fue absoluto y Lauren se quedó paralizada.

—¿Qué quieres decir con que no lo permitirías? —balbuceó como pudo.

—Que durante los últimos años me aseguré de que no quedaras embarazada. Eso quiero decir —espetó él apretando los puños y ella sintió un pitido agudo en la cabeza que le nubló el pensamiento.

—¿Cómo…? —susurró—. ¡¿Cómo?!

—Con anticonceptivos —respondió Nolan—. Todos los días.

Lauren se levantó y dio un paso atrás. De pronto, demasiadas cosas empezaron a encajar con una claridad cruel.

—El té… —susurró—. Tú siempre me preparabas té por la noche. Incluso cuando llegabas cansado.

Recordó cuántas veces había contado ese detalle como una anécdota tierna. Cómo lo había presumido frente a amigas, convencida de que ese gesto era una prueba silenciosa de amor.

Y ahora más de treinta personas ajenas a su casa escuchaban cómo la sometían a aquella humillación.

—Nolan… yo… ¡Yo me estaba hormonando! —dijo, alzando la voz—. El médico me recetó tratamiento para intentar quedar embarazada. ¿Tienes idea de lo que esa mezcla de químicos puede hacerle al cuerpo de una mujer? ¡Con razón he estado sintiéndome mal por años y tú lo sabías!

Nolan cerró los ojos un segundo, como si aquella pregunta fuera una molestia más que una acusación grave.

—¡Otra vez exagerando! —escupió—. Siempre llevándolo todo al extremo.

Lauren sintió una punzada de rabia atravesarle el pecho.

—¡Me estabas drogando! —exclamó—. ¡Contra mi voluntad!

—¡Me estaba protegiendo de ese capricho tuyo de tener un hijo tan rápido!

El comentario provocó un nuevo murmullo, esta vez más claro, más incómodo.

—¿Tan rápido? ¡Hemos estado casados ocho años! —replicó.

—Lauren… no sigas por ahí…

—¡Nolan!

—¡Ya basta! —ordenó él con frustración—. ¡Lo hice porque alguien tenía que pensar con la cabeza fría! Mi empresa atraviesa una etapa crítica. ¡Hay cientos de personas que dependen de mis decisiones! Un embarazo ahora habría significado distracción, riesgos, pérdida de enfoque. He sacrificado mucho para mantener esto a flote.

Y esa declaración hizo que uno de sus socios asintiera, convencido.

—Bueno, Nolan… eso sí que es liderazgo —dijo—. Tomar decisiones difíciles.

—Un hijo no es una decisión ligera —añadió otro—. Y menos en este contexto.

Lauren sintió que el suelo se abría bajo sus pies. ¿De verdad lo estaban apoyando?

—¿Y no podías habérmelo dicho? ¡¿Tenías que tomar decisiones sobre mi cuerpo por mí?! —preguntó con la voz más baja, asqueada.

—Para eso eres mi esposa. Y además no eres muy razonable —respondió Nolan con impaciencia—. ¡Tú estás encaprichada con un hijo y yo necesito tiempo para mi compañía!

Del otro lado de la mesa los hermanos de su marido, Dell y Daphne, sonrieron como si al fin todo estuviera encajando.

—Siempre lo dijimos —intervino Dell—. Ella nunca entendió lo que significaba estar al lado de un hombre con ambición.

Lauren apretó los labios, sintiendo el ardor detrás de los ojos.

—Además —añadió su cuñada, girándose hacia los socios—, una mujer que necesita un hijo para retener a un hombre nunca debería ser madre.

Lauren sintió que algo dentro de ella se rompía y dio un paso atrás despacio, con el cuerpo rígido, tratando de conservar la dignidad que apenas le quedaba.

Fue entonces cuando su suegra tomó la palabra.

—Lauren… Siéntate de una vez, que esto tiene todo que ver con salvar la empresa, no contigo. Así que tienes dos opciones: deja de hacerle la vida difícil a mi hijo, o desaparece de ella. Aunque la realidad es que, si desaparecieras de la vida de Nolan… nadie lo notaría.

Lauren hizo lo único que podía hacer: darse la vuelta y marcharse. Se encerró en el cuarto de invitados y se quedó mirando a la pared hasta que todos se marcharon

Dos horas después la puerta se abrió y Nolan se apoyó en el marco, con la camisa desabrochada y el gesto irritado.

—¿Te divertiste poniéndome en evidencia delante de todos? —le gruñó.

—¿Te divertiste engañándome durante ocho años? —replicó ella con rabia.

—¡Esta noche nada podía salir mal y lo echaste a perder! No era el momento. Había socios importantes…

Lauren soltó una risa breve, sin humor.

—¿Ese es tu problema? —preguntó—. ¿El momento?

—Mi problema —replicó él— es que no entiendes la presión bajo la que estoy. ¡Me empujaste a decir cosas que no debía decir así!

—¿Así? —repitió ella—. ¿O simplemente te empujé a decir la verdad?

—¡No empieces otra vez! —espetó él con frustración—. Ya te expliqué por qué hice lo que hice, ¡pero tú no entiendes! —exclamó sujetando su blusa y tirando hacia él hasta que una de sus manos rodeó su cuello—. ¡El bebé, el bebé…! ¿Eso es todo lo que puedes pensar? ¡OK, Lauren vamos a practicar cómo se hace entonces!

Ella retrocedió instintivamente y por primera vez en ocho años de matrimonio sintió asco cuando Nolan trató de besarla.

—¿Qué pasa? —siseó su marido, evidentemente pasado de copas, tratando de acariciarla—. No saldrá un bebé pero sé que te gusta acostarte conmigo —rio empujándola hacia la cama y Lauren sintió que estaba a punto de vomitar.

Sus manos estaban en todas partes, arrancándole la ropa, tratando de someterla. Lauren trataba de cubrirse como podía, con las lágrimas cayendo de sus ojos y la certeza de que si no se defendía, terminaría siendo solo un juguete roto.

—¡Suéltame! Nolan… no te atrevas... ¡Suéltame!

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Norma Barron Plancartedefinitivamente creo que es el malo
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