Mundo ficciónIniciar sesiónA semanas de casarse con el amor de su vida, Helena Rossi ve su mundo derrumbarse cuando su padre, al borde de la ruina, la entrega como garantía a un hombre del que nadie habla… pero todos temen. Luca Lombardi. Poderoso. Intocable. Peligroso. Un hombre que no cree en el amor… porque la única vez que lo sintió, lo perdió de la peor manera. Ahora, Helena le pertenece. Arrancada de su vida, obligada a convivir con él y a convertirse en su esposa, Helena se niega a ser una víctima. Desafiante, inteligente y decidida, hará todo lo posible por recuperar su libertad… incluso si eso significa enfrentarse al hombre más peligroso que ha conocido. Pero Luca no es quien aparenta. Detrás de su frialdad hay heridas que no han cerrado… y un pasado que sigue acechando. Y lo que comienza como una obligación… se convierte en un juego de poder, deseo y emociones que ninguno de los dos está preparado para sentir. Porque en un mundo donde el amor es una debilidad… enamorarse puede costarlo todo.
Leer másEstaba a solo un par de semanas de mi boda, la habíamos planeado durante años y por fin ya casi era la señora Donnati.
Laureano era el amor de mi vida desde que nos conocimos el primer año de secundaria. Llevábamos seis años pensando que los agotadores tiempos de estudio cambiarían nuestra relación pero no fue así. La iglesia estaba reservada, el banquete estaba contratado y mi vestido hecho a medida había sido entregado un par de días atrás Ahora descansaba en una percha en mi armario. Era perfecto. Pasaba horas admirandolo cuando estaba en casa entre descansos de la universidad y los últimos preparativos de la boda. Era mucho más que solo un vestido. Soñaba despierta con ese día tan cercano que ahora parecía solo una fantasía. Me encontraba adormecida en ese sueño cuando una voz seca, severa y autoritaria me me despertó de golpe, no era una voz conocida y eso me alarmó más. Salí descalza asustada de mi habitación hasta el despacho de mi padre dónde provenía la voz. Nunca me entrometí en sus asuntos pero está vez era distinto. Escuché detrás de la puerta antes de abrir. — Tu decides Rossi, o pagas o pagas— la voz se escuchaba cada vez más amenazante. — Entiende por favor, ya no tengo nada que perder, mis cuentas están cerradas, el banco las congeló. Estoy a punto de perder hasta la casa— mi padre suplicaba. — No es asunto mío, tú sabías las consecuencias cuando acudiste a mí. — Puedes tomar mi vida si lo deseas, ya no tengo más que perder…— la voz de mi padre temblaba pero era decidida. — Si es lo que queda, lo haré… — ¡No! — entre gritando decidida a no dejar que eso pasara. Papá me miró con vergüenza en su rostro, pero ese hombre a quién no conocía me observo de pies a cabeza, confundido, aenazante, inquisitivo. — ¿Quién te creés para interrumpir?—pregunto con rabia — ¿Quien te creés tú para amenazar a mi padre en su propia casa? — ¿Con que es tú hija? — miró a mi padre con una ceja alzada. — Si, lo soy— afirme poniendo mis manos en mi cintura tratando de verme ruda. — Entonces…—suspiro— serás mía, ahora…tú serás mi garantía. — De ninguna manera, eso no es posible, puedes matarme si lo deseas pero no tendrás a mi hija Luca Lombardi— la voz de mi padre sonó más grave está vez. — Entonces está todo dicho, no puedes esconderte, la muerte te busca y no hay escapatoria — su amenaza fue imperativa. — Lo haré…— respondí sin pensar en más nada, deteniendo sus pasos cuando se retiraba. — No por favor pequeña — mi padre me suplicaba. — Enviaré un chófer por ti mañana— dijo sin mirarme siquiera y se retiró. Contuve mi postura hasta escuchar la puerta principal cerrarse y luego me desmorone. Mi padre me abrazó suplicando que no lo hiciera intento ponerse de rodillas para hacerlo pero no lo deje, Victor Rossi no solo era mi padre, era también alguien muy respetado y querido, poseedor de varias fábricas que ahora estaban en banca rota después de varios años intentando sostener el sustento propio y de muchos trabajadores, fue allí donde entró en juego esté hombre, de apariencia sobria, impoluta y magestuosa, pero lo era solo en apariencia y yo acababa de comprobarlo. — Papá…tranquilo, todo va a estar bien —tranquilice a mi padre pero quién necesitaba esas palabras era yo misma en realidad. Me encerré en mi habitación, lloré en silencio para no preocupar más a mi padre que seguía insistiendo en no dejarme hacer esa locura, y sí, lo era pero su vida valía cada sacrificio que tuviera que hacer. Lo peor vendría después, debía suspender la boda que tantos años llevaba planeado, para ser el capricho de un completo desconocido. Debía decirle a Laureano el amor de mi vida que ya no sería su esposa y esperar que lo entendiera aunque era imposible de hacer. Primero tenía que saber exactamente quién era Luca Lombardi, saber a quien realmente me estaba entregando como moneda de cambio. Busque en redes, no tenía, ni F******k ni I*******m, nada. Puse su nombre en el buscador y apareció apenas algo, hombre de negocios, CEO de empresas navieras y aeronáutica, alguien con mucho poder por lo que podía apreciar, pero no decía demasiado, era alguien de bajo perfil o por lo menos alguien alejado de la cotilla social. Era rico, sí, poderoso también pero no era quien para amenazar así a mi familia. Igualmente, no estaba dispuesta a provocar su ira y ver de lo que era capaz, preferí sacrificar mi felicidad antes que enterrar a mi padre.El sonido de los motores me relaja, no sé a qué se debe, pero siempre tiene ese efecto en mi. Desde pequeño he estado entre el cielo y la tierra, he pasado la mitad de mi vida volando. Cuando era solo un niño pequeño y tímido acompañaba a mi padre en sus viajes de negocios. “Debes aprender desde ahora, algún día todo recaerá en ti” me decía mientras yo veía a otros niños jugar sin preocupaciones. Helena estaba sentada en el asiento de al lado, mirando una revista de modas y chimentos que la azafata había dejado sobre la mesa. Realmente no la estaba leyendo, sólo fingía para no tener que hablar conmigo creo. No me molestaba. O eso me repetía.Me acomodo en el asiento e intento descansar un poco. Es imposible, su presencia me altera los sentidos, estoy en alerta todo el tiempo, siento su respiración en mi oído, su calor sobre mi pecho y sus manos abrazadas a mi. Estaba ebria y no lo recuerda, pero yo si. Podría haber aprovechado la situación, pero no lo hice. No soy ese tipo de hom
Quedé inmóvil por varios segundos más frente a la mesa. ¿Qué acababa de ocurrir? “No lo haré hasta que tú lo pidas” esas palabras quedaron resonando en mi cabeza. —Ni lo sueñes Lombardi… —respondí aunque él ya no estaba allí para escucharlo. Volví a sentarme en mi asiento confundida. ¿Por qué no dije nada? Mi respuesta salió tarde como si la hubiera tenido que pensar por mucho tiempo. «Magie» Su nombre vino a mi cabeza. Debía llamarla, seguramente estaba preocupada. Me levanté de la silla con rapidez y subí las escaleras dando grandes zancadas. Al llegar a la habitación entré temiendo que él estuviera allí, pero para mí suerte estaba vacía. «Debe estar en su despacho » pensé. —¿Magie?— hablé al teléfono. —¿Helena? ¡Reviviste!— grito al otro lado. —No grites — respondí con voz baja cerrando los ojos con fuerza y quitando el celular de mi oído. La cabeza aún me dolía, el analgésico todavía no había hecho efecto. —¿No me digas que tienes resaca?— se rió. —Uhum.
Me sumergí en el agua buscando silenciar la voz en mi cabeza que exigía respuestas que no tenía. Fue imposible, debajo del agua las preguntas parecían sonar aún más fuerte. —No puedo peguntarle. Ay no que vergüenza —dialogaba conmigo misma. Salí de la bañera envolviéndome en la toalla, escurrí un poco el agua de mi cabello y lo seque apenas con otra toalla. Abrí la puerta y salí del baño aferrada al nudo de la toalla sobre mi pecho. Él no estaba, se había ido y sentí alivio. Me vestí lo más rápido que pude, que para ser sincera no fue demasiado ya que con la resaca que llevaba todo parecía ir en cámara lenta, todo menos mi mente que iba a mil por segundo. Baje las escaleras hasta el comedor, la cabeza me explotaba y sentía un hueco enorme en el estómago. Luca ya estaba en su asiento, leyendo su periódico como de costumbre. Corrí la silla y tomé asiento en mi lugar. Laura me había dejado un poco de frutas, cereales y yogurt. Las náuseas volvieron cuando fijé la mirad
Fuimos al restaurante , teníamos reserva para todo el grupo desde marzo. Luego de la cena nos fuimos a bailar al mejor boliche de la ciudad.Gino no se despegaba de mí, por así decirlo porque ya habíamos acordado que mínimo debía respetar un metro de distancia. Aunque le pareció demasiado lo acepto. Los tragos llegaban uno tras otro, no solía beber demasiado pero está noche era de celebración y no importaba nada más. Magie estaba a punto de ser denunciada por acoso. Él pobre Gino no tenía escapatoria.Mi acosadora amiga pasaba sus manos por el torso rígido del enorme hombre, lo acariciaba despacio buscando alguna reacción, arrimaba su cuerpo a él y se meneaba lentamente bailando sensual, el rostro de Gino aunque serio e inmutable delataba nerviosismo y hartazgo, rodaba los ojos y resoplaba una y otra vez, pero no la apartaba. Él no se movía de su lugar, era como una estatua que estaba allí de adorno.—Si no bailas con ella, no te dejará en paz —le dije entre risas acercándome un po
Último capítulo