Mundo ficciónIniciar sesiónA semanas de casarse con el amor de su vida, Helena Rossi ve su mundo derrumbarse cuando su padre, al borde de la ruina, la entrega como garantía a un hombre del que nadie habla… pero todos temen. Luca Lombardi. Poderoso. Intocable. Peligroso. Un hombre que no cree en el amor… porque la única vez que lo sintió, lo perdió de la peor manera. Ahora, Helena le pertenece. Arrancada de su vida, obligada a convivir con él y a convertirse en su esposa, Helena se niega a ser una víctima. Desafiante, inteligente y decidida, hará todo lo posible por recuperar su libertad… incluso si eso significa enfrentarse al hombre más peligroso que ha conocido. Pero Luca no es quien aparenta. Detrás de su frialdad hay heridas que no han cerrado… y un pasado que sigue acechando. Y lo que comienza como una obligación… se convierte en un juego de poder, deseo y emociones que ninguno de los dos está preparado para sentir. Porque en un mundo donde el amor es una debilidad… enamorarse puede costarlo todo.
Leer másLlegamos a la casa, aún era temprano. Las cuatro de la tarde, pero ya tenía un hambre, había almorzado poco en la cafetería de la universidad, los nervios no me dejaron comer más y ahora lo estaba sintiendo. Subí a mi habitación, dejé la mochila sobre la cama y las bolsas que llevaba. Pedí al guardaespaldas que subiera el resto de las cosas y las dejara por ahí, dónde fuera. — ¿ Cuál es tú nombre?— le pregunté. — Gino, señorita. — Muy bien, Gino. Muchas gracias por todo. Le agradecí por haber sido mi burro de carga el día de hoy y se retiró, serio, sin expresión. Acaso nunca sonríe, pensé. Dejé todo como estaba y bajé a la cocina en busca de algo para saciar mi hambre, el gruñido en mi estómago se sentía cada vez más. — Hola buenas tardes — saludé a Laura que estaba en sus quehaceres. — Buenas tardes…Helena — titubeó antes de decir mi nombre— ¿ cómo ha estado su día? — Bien gracias — respondí dudando— tengo hambre— proseguí mientras husmeaba en la heladera. — ¿Pued
—Comamos en paz— dijo mas sereno.Sólo asentí sin hablar, de haberle hecho mi voz se hubiera quebrado, lo sentía en mi garganta temblando, ahogándome.— Puedes pedir lo que quieras —hablo con calma.— ¿Puedo irme a casa entonces?— Lo que quieras… menos eso— bebió un sorbo de vino — ahora me perteneces, recuérdalo.— Lo sé, muy a mi pesar — no dude, tampoco me victimice— ¿puedo montar a caballo entonces?— Claro que puedes, está es tú casa ahora y todo lo que hay es tuyo también. Pronto serás mi esposa así que…— ¿Esposa? — pregunté, no creí que también debía casarme con el.— Por supuesto ¿Creíste que sería tan fácil? ¿Sólo venir y estar aquí?Tragué saliva y preferí no hablar de eso.— Quiero el caballo negro.— cambié el tema nuevamente.— Olvídalo — apretó los puños y su mirada se volvió fría otra vez— elije el que quieras menos ese, él está prohibido.— Dijiste que todo lo que quieras, que todo aquí es mío ahora también…— ¡Elije otro! —volvió a golpear la mesa con su
Una sensación extraña recorrió mi cuerpo. No era miedo… tampoco nervios.Era algo más.Algo que no supe nombrar.Pero que gritaba una sola cosa, peligro.El sonido de un teléfono rompió el silencio, no era mío. Me quedé inmóvil.Venía de la habitación contigua.Agudicé el oído, conteniendo la respiración.No podía escuchar con claridad, pero si distinguí el tono. Tenso, cortante, molesto.Era él, lo supe sin necesidad de verlo.Su voz, aunque apenas podía oírla, tenía ese peso imposible de ignorar. Como si cada palabra fuera una orden, estaba en medio de una discusión.Di un paso más cerca de la pared, casi sin darme cuenta.—… ¡no me interesa!—se escuchó bien claro. Todo quedó en silencio por segundos y luego, un golpe seco, la puerta nuevamente. De un salto me alejé de la pared, como si me hubieran descubierto.El corazón me latía con fuerza.«Así que esa era su habitación» pensé. Estaba demasiado cerca.Esperé a que se fuera. Un minuto.Dos.No escuchaba na
Pase la noche llorando sin poder dormir y aún así no había logrado encontrar la manera de hablar con Laureano, no sabía cómo enfrentarme a él, no en éste momento.El celular se encendió varias veces, era él. No lo respondí, trataba de ganar tiempo pensando en la mejor forma de decirle todo, pero no la encontraba.Recordaba sus manos acariciando mi rostro, sus labios en los míos y el calor de su cuerpo en cada abrazo. El deseo de llegar a nuestra primer noche juntos. Todo eso se esfumaba lentamente ahora, se colaba entre mis dedos como arena.Junté solo algunas cosas, las importantes en mi mochila, debía seguir yendo a la universidad, esté es mi último año y no lo iba a abandonar, eso era algo que no estaba en discusión. Puse algo de ropa en una maleta lo suficiente para pasar un par de días, estaba decidida a regresar a casa y a mi vida, a como diera lugar, yo no era propiedad de nadie ni tampoco el capricho de un millonario arrogante. El timbre de la puerta principal sonó y
Último capítulo