Luca.
Su nombre seguía ahí, sonando entre tinieblas y su fantasma aún me atormentaba, Lucía, mi gran amor...el único.
Hacía ya diez años que se había ido obligandome a convertirme en el hombre frío y despreciable que soy ahora.
No fue su culpa.
Más bien fue mía.
Aún puedo ver su rostro lleno de pecas, ciento dos en total solo en sus mejillas.
Recuerdo contarlas una a una sin esfuerzo, mis dedos recorriendo su rostro acariciando delicadamente su piel mientras ella esperaba a que t