No podía reaccionar, era como si mi cuerpo estuviera bajo un hechizo .
Parecía haber quedado presa de su cercanía, de su voz… y todo lo que había dejado suspendido en el aire.
Respiré hondo , una y otra vez, hasta que el silencio dejó de pesar tanto y puede recuperar mi aliento.
Me deje caer, recosté mi cuerpo contra la puerta cerrada aún respirando el olor de su perfume.
—Idiota… —murmuré, sin saber si lo decía por él… o por mí.
Me obligué a moverme.
A reaccionar.
A volver a ser yo.