Capítulo 5

Llegamos a la casa, aún era temprano. Las cuatro de la tarde, pero ya tenía un hambre, había almorzado poco en la cafetería de la universidad, los nervios no me dejaron comer más y ahora lo estaba sintiendo.

Subí a mi habitación, dejé la mochila sobre la cama y las bolsas que llevaba. Pedí al guardaespaldas que subiera el resto de las cosas y las dejara por ahí, dónde fuera.

— ¿ Cuál es tú nombre?— le pregunté.

— Gino, señorita.

— Muy bien, Gino. Muchas gracias por todo.

Le agradecí por haber sido mi burro de carga el día de hoy y se retiró, serio, sin expresión. Acaso nunca sonríe, pensé.

Dejé todo como estaba y bajé a la cocina en busca de algo para saciar mi hambre, el gruñido en mi estómago se sentía cada vez más.

— Hola buenas tardes — saludé a Laura que estaba en sus quehaceres.

— Buenas tardes…Helena — titubeó antes de decir mi nombre— ¿ cómo ha estado su día?

— Bien gracias — respondí dudando— tengo hambre— proseguí mientras husmeaba en la heladera.

— ¿Puedo servirle algo?

— No te preocupes, yo misma lo hago — dije sacando un poste.

Caminé por las habitaciones del piso de abajo ahora con más calma, recorrí cada sala, investigando, dicen que las casas guardan la esencia de sus dueños, talvez así lo conocería un poco más y lograría encontrar su punto débil.

Me detuve frente a una puerta, estaba más alejada de las salas principales, su despacho supuse, tantee el picaporte.

Cerrado con llave.

«Curioso» pensé.

Continúe el recorrido dando algún bocado a mi postre cada tanto.

Subí las escaleras, despacio mirando atrás de vez en cuando, me aseguraba que él no viniera detrás, era como un fantasma que aparecía de la nada.

Llegué hasta la puerta de mi habitación y dude en entrar, la puerta de al lado, la de la última habitación me llamaba, pensé un par de minutos y me decidí. Quería ver cómo era su dormitorio, que cosas o secretos guardaba.

Abrí la puerta despacio, con cautela y entré.

Una cama amplia con sábanas blancas de seda.

Un reloj de pulsera sobre la mesita de noche, ese era su lado, dormía sobre el lado derecho de la cama intuí.

Un vestidor igual al que tenía en mi dormitorio, trajes, camisas, pantalones todo bien acomodado. Corbatas y cinturones acomodados perfectamente en otros estantes y muchos zapatos. Un aparador con más relojes, gemelos y perfumes. Tomé uno por curiosidad y rocié un poco para ver cómo olía.

— Mmm, tiene buen gusto— dije en voz baja.

El sonido de las puertas de un auto me alertó, me asomé con cuidado por la ventana y lo vi, era él, había llegado.

Salí apresurada de la habitación hacía la mía y me percaté de algo , me detuve en seco apretando los ojos y maldiciendo en silencio, había dejado el platillo del postre en el vestidor. Quise ir a buscarlo pero escuché los pasos en la escalera, me encerré en mi cuarto con el corazón acelerado esperando lo peor.

Luca.

Llegué temprano a casa, estaba cansado y ahora también enojado. Al llegar Gino me contó lo sucedido con el idiota de Laureano Donnati, le advertí que no se acercara. Subo las escaleras furioso, debo hacer algo con esto, él me estaba desafiando. Y a mí nadie me desafía.

Pare por un segundo frente a su puerta, puse mi mano encima del picaporte, pero desistí, ella había hecho lo correcto. Igual lo hablaríamos luego con más calma.

Bajé la mano y seguí hasta mi habitación, un baño quitaría la tensión.

Llené la tina y me sumergí, me acomode con la cabeza recostada, y pensé.

Me quedé un rato y salí, envolví una toalla alrededor de mi cintura y seque sólo un poco el cabello con las manos.

Entre al vestidor, el olor a perfume me invadió, algo no está bien aquí pensé y enseguida supe la razón, un platillo encima del aparador, totalmente fuera de lugar, obviamente yo no lo había dejado, el personal tampoco, no se atreverían a hacerlo, era ella, estuvo aquí. Pero ¿Qué hacía en mi dormitorio? ¿ Que buscaba?

Me enojé al principio pero decidí hacer algo para que entendiera de una vez que no era tonto. Yo podía saberlo todo.

Salí de la habitación envuelto en la toalla con algo de agua aún escurriendo por mi pecho y caminé hasta su puerta, pude solo abrir y entrar pero golpee y esperé.

— Adelante— respondió.

No entré, volví a golpear sin decir nada.

La puerta se abrió y apareció parada frente a mí, di dos pasos y me acerque más, ella retrocedió. Sonreí de lado con una media sonrisa, pícara, juguetona, desafiante.

— ¿Huele bien?— pregunté mientras le entregaba el platillo refiriéndome al perfume.

No respondió, su mirada se había clavado en mi torso desnudo, húmedo.

Tomo el platillo y cerró la puerta con fuerza, nerviosa.

— Nos vemos en la cena — le dije atreves de la puerta antes de retirarme.

Helena.

Me sorprendió parado frente a mí, su cuerpo casi desnudo, sus ojos negros con un brillo intenso y su sonrisa, Dios no podía negar que se veía muy bien.

Sentí un calor encender mis mejillas y sabía que no estaba bien.

Maldita sea, el platillo, me había descubierto, era obvio tampoco es idiota pensé.

No comprendí su reacción, no estaba enojado.

La cena, ¿tenía que bajar? Si no lo hacía vendría por mí, así que mejor me arreglaba para ir por mi misma.

Busque uno de los vestidos caros que había comprado, ridículo, feo en realidad pero de diseñador, me lo puse junto a unos tacones Vuitton y en la cabeza el sombrero negro horrible.

Me miré al espejo y largue una carcajada, me veía ridícula.

Media hora después bajé ya eran las ocho y media, el estaría en la mesa, esperando, inquieto aguantando las ganas de subir a buscarme.

— Buenas noches — dije con un tono de soberbia impresionante.

Tenía una copa de vino en la mano, lo escupió en una carcajada.

— ¿ Que te has puesto?— río.

— ¿No te gusta? Tú lo pagaste— respondí.

— Tú y tus locuras Lu…— se detiene en seco.

Su rostro cambio de golpe, algo pareció haberse quebrado.

Lo observé en silencio, inquiriendo.

¿Lu?

¿Quién era Lu?

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