Llegamos a la universidad luego de una hora de viaje en auto. Pedro me esperaría afuera, como “el señor” lo había ordenado, al igual que el guardaespaldas de la camioneta de atrás. Uno de ellos estaría cerca de mí y ya no pelearía con eso, siempre y cuando mantuviera distancia.
—Oye, ¿quién es ese guapetón? —mi amiga se acercó preguntando por él.
—Mejor ni preguntes —respondí, girando los ojos.
—Pero deberías presentármelo.
Ella siempre tan libertina.
Margaret, o Magie como le digo, es mi