Abrí la puerta despacio, con cautela, aún envuelta en las sábanas.
Él estaba ahí, apoyado contra la pared a un lado de la puerta, esperando con los brazos cruzados.
Su mirada se fijó en mí.
Me sentí incómoda.
—Te pregunté si estabas bien —repitió, con calma.
Tragué saliva antes de responder.
—Sí… lo estoy.
Su mirada bajó a las sábanas pegadas a mi cuerpo.
A la forma en que las sostenía contra mi pecho tímidamente y luego volvió a mis ojos.
Lento, sin apuro. Como si disfrutara incomo