El golpe en la puerta de al lado me exaltó un poco, aunque sabía que era él encerrándose como cada noche en su habitación.
El hecho de que había estado aquí primero me había puesto más nerviosa, por más que había sido compasivo conmigo.
Los ruidos no cesaron, a diferencia de las noches anteriores, hoy podía escucharlo con más atención a pesar de mi llanto.
Ya me estaba cansando esto de ser la víctima, llorar y pelear, tal vez el estar en su habitación a partir de mañana sería lo mejor, al