Mundo ficciónIniciar sesiónActuaba mal, era tímida y me encantaba el dinero. Mi única virtud era una cara que, según decían, podía hacerle perder la cabeza a cualquiera. La primera vez que me vio, Benjamín Arellano, el premiado actor y gran estrella del cine, me propuso hacer de su novia en secreto. Yo creí que se trataba de una gran producción y pregunté, emocionada: —¿Me van a pagar? Me dijo que me pagaría cien mil dólares al mes, y lo abracé en el acto. No fue por amor: con ese sueldo podría pagar la enorme penalización de mi contrato con la agencia y volver a mi pueblo a vender choripanes. Pero Benjamín pareció entender otra cosa. Creía que, si había pasado cinco años a su lado sin pedir que hiciera pública nuestra relación ni que me reconociera como su pareja, era porque estaba perdidamente enamorada de él. Después llegó al rodaje una actriz recién graduada. Era joven, hermosa y se parecía un poco a mí a los diecinueve años. Se puso el primer vestido de gala que Benjamín me había regalado, ocupó mi lugar en su casa rodante y hasta se llevó a su habitación a la gata que llevábamos cuatro años cuidando. Benjamín no la detuvo. En cambio, me miró fijamente. —¿No tienes nada que decir? Lo pensé en serio. —Que no se olvide de comprar arena sin polvo. La gata tiene la nariz sensible. Esa noche, Benjamín le dio deliberadamente a Yolanda el papel protagónico que me correspondía. Todos pensaban que me derrumbaría, pero yo llamé a mi representante, Lorena Velasco. —Tengo el dinero para pagar la penalización. Rescindamos el contrato. No voy a aceptar ni una película más con Benjamín.
Leer másPara cuando se estrenó la película de Esteban, yo ya tenía veintiséis años. La recaudación no fue muy alta, pero recibió buenas críticas.Alguien publicó en redes un fragmento de la película en el que yo apagaba las luces del estudio fotográfico. El video se compartió cientos de miles de veces. En los comentarios, todos preguntaban por qué esa actriz no se había hecho famosa antes.Lorena consiguió tres guiones nuevos para mí. Solo elegí uno. El resto del tiempo seguía volviendo a mi pueblo a vender choripanes.El puesto ya se había convertido en un pequeño local. Don Rafael se encargaba de la parrilla y yo cobraba. Él siempre ponía poca salsa y yo siempre me equivocaba al dar el cambio.Nube se pasaba el día sobre el mostrador de la caja, tan gorda que parecía un tanque de gas plateado.En el reestreno de "El camino a casa" se habían conservado íntegros aquellos tres minutos en los que papá me había visto actuar. El cine me había enviado un cartel conmemorativo, que ahora tenía colgad
La nueva película de Esteban tenía poco presupuesto. Todo el equipo se alojaba en una posada de la ciudad. Yo no tenía casa rodante ni camerino propio, y la comida era apenas una porción de carne con verduras.La noche anterior al primer día de rodaje estaba tan nerviosa que no pude dormir. A la mañana siguiente, fui a buscar a Esteban con el guion.—¿Y si buscas a otra actriz?Estaba tomando leche de soya. Casi se atragantó al oírme.—¿Tan temprano y ya estás pensando en lo peor?—Me da miedo hacerte perder dinero.—Te pago menos que a mi conductor. ¿Cuánto crees que me puedes hacer perder?Dolió un poco, pero también me tranquilizó.Repetimos la primera escena seis veces. Cuando la séptima salió bien, nadie aplaudió. Los miembros del equipo siguieron con lo suyo y Esteban solo dijo:—Bien. La siguiente.Todavía frente a la cámara, de pronto lo entendí. No necesitaba que nadie me regalara lo que me correspondía. Si una escena me salía bien, se quedaba; si no, la repetía. Nadie usaba e
Toda la gente de la fila estaba mirando. Benjamín empujó un poco la tarjeta hacia mí.—Hablemos.Se la devolví.—Estoy ocupada.—Espero.Y de verdad se quedó a un lado toda la tarde. No puso mala cara ni le pidió al asistente que despejara el lugar. Cuando alguien lo reconocía y se ponía a grabarlo, él solo bajaba la visera de la gorra.A la hora de cerrar, solo quedaban dos choripanes.Benjamín tomó uno.—¿Cuánto es?No respondí.Me entregó doscientos dólares.Le devolví todo de inmediato.—No me pagues porque no te lo vendo.—Eso es lo que quiero darte.—No hagas eso.—Alicia.Le dio un mordisco y frunció el ceño.—Está quemado.Se lo quité enseguida y lo probé. Sí, estaba quemado. Se lo devolví. Antes, Benjamín jamás comía en puestos callejeros; ahora se terminó incluso la mitad que quedaba.—Hablemos cinco minutos.Limpié la parrilla.—Dime.—Te devuelvo el protagónico de la película nueva.—¿Y Yolanda?—No puede con él.—¿No decías que era más adecuada que yo?Benjamín no respondi
Tardé tres días en dejar listo el carrito. Instalamos una parrilla nueva y cambiamos el vidrio. No quise gastar en repintar todo el letrero: solo mandé repintar la palabra "Choripanes", que se había borrado.Don Rafael dijo que se veía bastante pobre. A mí me gustaba: estaba viejo, pero era el carrito de papá.No hubo una gran celebración el día de la apertura. Don Rafael compró dos choripanes y la señora que vendía fruta al lado, tres. También llegaron dos niños que salían de la escuela. Se quedaron un buen rato mirando a Nube y no compraron nada.Yo estaba a punto de usar mi belleza para atraer clientela cuando entró una videollamada de Lorena.—Métete a internet.—¿Qué pasó?—La cuenta oficial de "El camino a casa" publicó un comunicado.Revisé las tendencias en redes. La productora había anunciado que recuperaría mis escenas originales de "El camino a casa". Las escenas que Yolanda había grabado para reemplazarme quedarían fuera de la nueva versión.Benjamín había compartido la pub
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