Capítulo 8
Toda la gente de la fila estaba mirando. Benjamín empujó un poco la tarjeta hacia mí.

—Hablemos.

Se la devolví.

—Estoy ocupada.

—Espero.

Y de verdad se quedó a un lado toda la tarde. No puso mala cara ni le pidió al asistente que despejara el lugar. Cuando alguien lo reconocía y se ponía a grabarlo, él solo bajaba la visera de la gorra.

A la hora de cerrar, solo quedaban dos choripanes.

Benjamín tomó uno.

—¿Cuánto es?

No respondí.

Me entregó doscientos dólares.

Le devolví todo de inmediato.

—No
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