Capítulo 69: Suicidio

Las lágrimas volvieron a brotar, calientes e interminables. Llevaba horas así, o quizás días. No lo sabía. En esta habitación el tiempo se medía por las sombras que cruzaban las rejas de la ventana, por las bandejas de comida que aparecían y desaparecían sin que yo las tocara. Pero esa noche no había sombras. Solo oscuridad. Solo yo. Solo el vacío.

Desde lo ocurrido perdí por completo el apetito. Y Cipriano no había vuelto a venir para nada.

Cerré los ojos, intentando vaciar mi mente. Intent
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