—No puede ser. Te metiste en muchos problemas por mi culpa —Se expresó Evangeline, regresándome a la realidad—. Lo siento tanto por meterte en todo este embrollo.
Estábamos en el piso del gran baño de su habitación, con la espalda pegada a la encimera mientras esperábamos que las cuatro pruebas de embarazo que estaban descansando sobre nuestras cabezas, junto al lavabo, cumplía con el tiempo estipulado.
Así que decidimos matar el tiempo. Y con eso me refiero a que Evangeline me interrogó como