No sabía quién tenía los ojos más agrandados, si Vittoria o yo. Ambas estábamos tan aterrorizadas y lo peor de todo, es que ni siquiera podía responder correctamente porque ni yo misma lo sabía. Tenía la sospecha, pero…
Al ver el rostro endurecido de Cipriano, sus ojos clavados en mí con firmeza, como si estuviera ante una amenaza. Como si el hecho de que estuviera embarazada fuera un error que debía remediarse, me hizo tragar grueso.
Un escalofrío subió por mi columna, frío, denso.
Él estaba