El peso de su cuerpo sobre el mío, sus caderas golpeándome con fuerza, sus manos marcando mi piel. Todo. Lo recordaba todo. Mi cuerpo aún podía sentirlo encima de mi, dentro de mí, tomándome como si su vida dependiera de ello, besándome para apagar su fuego. Pensé que sería incómodo para mí, que me dolería, que ese hombre solo se preocuparía por su placer, pero no… Sus ojos entre marrones y dorados jamás abandonaron los míos, me observaban con atención, disminuyendo el ritmo cuando notaba que me estaba costando seguirle, deteniéndose cuando llegaba a mí limite, permitiéndome respirar, limpiando mis lágrimas con su lengua, dejando que marcara la piel de su espalda con mis uñas sin quejarse. Le costaba contenerse, lo veía en su expresión animal, en la manera en que sus músculos se tensaban, como apretaba sus dientes. Y eso fue lo más impactante para mí, que pese a su estado de descontrol, no me lastimó. Por esos instantes en los que nuestros cuerpos se unieron, olvidé todo. La venganz
Leer más