Al caminar a su lado por los pasillos de la mansión, me costó mantenerme recta, las piernas me temblaban por el esfuerzo físico. Sentía que me doblaría en cualquier momento, que mis rodillas dejarían de funcionar, pero no dije nada. Sería el colmo que me desmayara en la primera sesión de entrenamiento después de tanto querer ser entrenada porque era consciente que lo necesitaría en el futuro.
Justo cuando íbamos a entrar al comedor, nos cruzamos con la serpiente de tres cabezas. Llevaba su ca