En cuestión de segundos, la sirvienta trajo un plato nuevo, limpio. La crema de avellanas fue retirada de la mesa junto a otros dos alimentos preparados que desconocía por completo que contenían avellanas.
Parpadeé, incrédula, dándome cuenta lo afortunada que era de no haberme muerto hasta los momentos.
Carraspeé, tratando de ignorar ese hecho.
Observé mi plato de comida, asegurándome de no haber agarrado ninguno de esos alimentos. Parecía libre de avellanas, pero las dudas que debí hacerme de