Luego de aquella tarde el silencio en el departamento de Camila era casi absoluto, interrumpido solo por el sonido constante de las teclas bajo sus dedos. La pantalla de su laptop iluminaba tenuemente su rostro, reflejando líneas de texto que avanzaban con más lentitud de la que necesitaba.
Había aceptado ese trabajo dos días atrás: un análisis jurídico sobre un caso complejo que requería concentración, precisión… y una mente despejada.
Nada de eso tenía en ese momento.
Suspiró, llevando una ma