El aire entre ellos no se había calmado después del beso. Al contrario, parecía haberse vuelto más denso, más difícil de respirar. Camila seguía ahí, frente a Julián, con el corazón desordenado y la mente intentando reconstruir un control que ya no le pertenecía del todo.
Ninguno de los dos habló durante unos segundos.
Pero no era un silencio vacío.
Era un silencio cargado de todo lo que había pasado… y de lo que podía volver a pasar.
—Esto no puede seguir así —dijo finalmente Camila, aunque su