El silencio que quedó después de las palabras de Camila no fue alivio.
Fue presión.
De la que aprieta el pecho.
De la que anuncia que algo está por romperse.
Leandro fue el primero en moverse.
No dijo nada al principio. Solo miró a Camila, sosteniendo su mirada unos segundos más de lo necesario, como si buscara algo… una señal, una elección, una razón para quedarse.
Pero no la encontró.
Camila no pudo sostenerle la mirada.
Y eso fue suficiente.
—Creo que… esto no es mi lugar —dijo finalmente, c