Camila apagó el teléfono.
No lo dudó.
No dejó margen.
Pantalla negra.
Silencio.
Como si con ese gesto pudiera apagar también todo lo demás: las llamadas perdidas, los mensajes que no quería leer, la voz de Julián en su cabeza… la decepción de su padre.
Los primeros días en casa de Leandro pasaron lentos.
Extrañamente tranquilos.
Demasiado.
Camila trabajaba por momentos, abría la laptop, escribía, borraba, volvía a empezar. A veces lograba concentrarse. La mayoría no. Su mente siempre volvía al