La noche no se detuvo.
Y ellos tampoco.
Lo que empezó como un impulso contenido durante días… terminó desbordándose sin pausas, sin tiempos, sin espacio para pensar.
Camila no recordó en qué momento dejaron de medir las distancias.
Solo supo que, de pronto, todo era cercanía.
Todo era contacto.
Todo era necesidad.
Las manos de Leandro ya no dudaban, y las de ella tampoco. Había una urgencia distinta, no desesperada… pero sí constante, como si ambos estuvieran intentando sostener algo que sabían