Mundo ficciónIniciar sesiónTodo por un mensaje de texto. Eva jamás imaginó que la prueba de la infidelidad de David cabría en una pantalla, ni que su venganza sería tan simple como enviarlo de vuelta a su amante en la cajuela de un Uber. Esa noche, entre los restos de su corazón roto y una botella de vino tinto, se durmió frente a ese cuadro antiguo que le hablaba de un amor que creía perdido. Un amor de otra era. Al despertar, el mundo se había transformado. El sonido de los coches fue reemplazado por el rumor de fuentes en un jardín. El hormigón de su ciudad se desvaneció en altos muros de piedra vestidos con hiedra. Y su nombre… su nombre ya no le pertenecía. «Buenos días, lady Evangeline», dijo una voz desconocida, acompañada de una reverencia. Arrancada de su realidad, Evangeline ahora debe habitar la piel de una joven de la alta sociedad del siglo XIX. Este es el mundo de pasiones secretas, de miradas que valen más que las palabras y de reglas sociales que pueden destrozar reputaciones… y vidas. Pero pronto descubrirá que los bailes de salón esconden intrigas más peligrosas que cualquier red social, y que el amor en esta época no es solo sobre cartas y ramos de flores… …es una cuestión de supervivencia.
Leer másPasaron tres días que, para mí, se sintieron como tres semanas, incluso meses. Cada jornada fue una inmersión forzada en este nuevo mundo.El primer día me presentaron a mis doncellas una era de mi estatura y de pelo negro aunque lacio y bien largo se llamaba Diana y la otra era mas joven que yo pero mucho mas alta que nosotras su pelo era negro aunque no lo tenía muy largo y su piel era mas color canela aunque sus ojos eran tan verdes como los míos su nombre era Elena Las tres nos comprenetramos bastante bien desde el inicio .También descubrí, con una mezcla de terror y fascinación, que sabía todo tipo de danzas. No sé cómo era posible, pero mis pies ejecutaban los pasos con una gracia y una naturalidad que me eran ajenas, como si fuera caminar o respirar. Mi cuerpo respondía a músicas que nunca había escuchado, girando y balanceándose con una elegancia instintiva de la que no tenía ningún recuerdo.El segundo día estuvo dedicado a los modales y las normas de cortesía, un intrinc
—Esto es una tortura —gemí, apoyándome en el poste de la cama mientras las doncellas tiraban de las cintas del corsé con una fuerza inquietante.—Todavía está flojo. Apriétenlo un poco más —ordenó la voz implacable de lady Agatha desde el sillón donde supervisaba la operación.—¡Más! —dije, alterada, sintiendo cómo las varillas oprimían mis costillas hasta casi quebrarlas.—Sí, más. Ese corsé debe resaltar tus… atributos y marcar tu cintura, cosa que no tienes. Así que aprieten más fuerte esas tiras —insistió, con la frialdad de un general en el campo de batalla.Yo adoraba la idea de la ropa de época, la elegancia, la etérea belleza de los vestidos. Pero en ese momento entendí por qué la humanidad había evolucionado hacia los jeans y las sudaderas. Ni la faja más potente de mi tiempo era tan insufrible como aquel artilugio de ballenas y brocado que amenazaba con partirme en dos si respiraba profundo.—Así está bien —sentenció Agatha por fin.Jadeando levemente, me miré en el espejo.
—No quiero —musité, más para mí que para ellas, apretando los ojos con fuerza—. Esto es un sueño, esto no es real.Me lo repetí como un mantra, un hechizo desesperado para romper el encanto. Me pellizqué el brazo, me tiré del pelo—un dolor agudo y genuino—mientras mis dos doncellas me observaban con una mezcla de horror y piedad.—¡Voy por el doctor! —exclamó una de ellas, saliendo disparada de la habitación—. ¡Milady está muy alterada!—¡No estoy alterada, estoy… lo que viene después de alterada! —grité, frustrada. ¿Cómo podía un sueño oler a leña, doler tanto y tener sirvientas tan insistentes? En eso, mi mirada se cruzó con el espejo de cuerpo entero junto al armario. Me acerqué tambaleándome.Y ahí estaba yo. La misma de siempre. Delgada, pequeña, ojos verdes, pelo castaño. Aunque ...el pelo era una selva de rizos que no recordaba haber tenido nunca. Pero era yo. No me habían metido en el cuerpo de otra. ¿Me habían metido en mi cuerpo en otra época? —Me pasa por emborracharme con
Mi cabeza es un tambor.Un latido sordo y persistente resuena detrás de los ojos. Un eco punzante que solo puede significar una cosa: la resaca del vino barato de anoche. Cada latido es un martillazo en mis sienes. Intento moverme, y una oleada de náuseas me obliga a apretar los párpados con fuerza.¿Cuándo se volvió mi colchón tan blando?Y ese olor… ¿rosas? ¿Dónde quedó el familiar tufo a humo de ciudad y a desodorante barato de David?Un ruido. Un susurro. Alguien está en mi habitación.El instinto de supervivencia, aún empañado por el alcohol, logra abrirse paso a través de la niebla. Fuerzo los ojos abiertos, despegando con enorme esfuerzo unos párpados que pesan como plomo. La luz me apuñala las pupilas.—¡Milady! ¡Gracias al cielo! —La voz es de una mujer, joven, llena de un alivio que suena estridente en mi dolorosa realidad.Solo distingo una silueta borrosa junto a la cama. Un ladrón. Tiene que ser un ladrón. Con un hilo de voz ronca que apenas reconozco como mío, farfullo h
Último capítulo