Mundo ficciónIniciar sesiónSinopsis En un pequeño pueblo donde la fe marca el ritmo de los días, Olí y Claudio se encuentran de la forma más inesperada: entre vacas, silencios incómodos y sonrisas que no deberían existir. Ella, una mujer que desea una vida sencilla, entregada a los niños del orfanato y a la vida cotidiana; él, un sacerdote respetado, atrapado entre su vocación y un sentimiento que no buscó, pero que lo transformó. Lo que comienza como encuentros casuales cargados de humor y ternura se convierte en una atracción silenciosa que ambos deciden negar. Olí se aleja con dignidad, eligiendo no pedir nada. Claudio, en cambio, se encierra en sí mismo, cumpliendo con sus deberes mientras lucha contra un amor que no puede tocar, pero que ya habita en él. El pueblo observa, murmura y luego olvida, mientras la verdadera batalla se libra en la intimidad de sus corazones. Cuando la autoridad eclesiástica interpreta el cambio de Claudio como una amenaza, él es separado de la vida plena de la Iglesia, no por un acto cometido, sino por un conflicto no resuelto. Esta dramacomedia romántica explora el amor no vivido, la fe puesta a prueba y la renuncia como forma extrema de amar. Entre risas, dolor y silencios, la historia plantea una pregunta profunda: ¿qué ocurre cuando el amor llega tarde... y aun así, lo cambia todo?
Leer másOlivia Rous Baxter, se despojó de sus finas prendas de marca, para vestir unos sencillos pantalones mezclillas y una sudadera. Preparó su mochila, dejó sobre su cama las llaves y los documentos donde estaba su nombre como futura ceo del imperio de telecomunicaciones Baxter.
-Pero niña. ¿Dónde irás así sin nada de dinero? -cuestionó Loreto, su nana. Olí Rous bajó las escaleras, ignorando las súplicas de Loreto. -Nana. No quiero ser la ceo de esas empresas, no es lo mío, Yo quiero ser actriz. Mi padre no lo entiendo. -Olí. Mi niña. Eres la única heredera de tu padre. -Lo sé. Pero para ser la ceo, tengo que casarme con el imbécil de Dominic Chevalier. Y eso no está en mis planes. Mi padre no me puede imponer a un matrimonio no deseado. -habló Olí subiendo al Uber qtd había pedido y cerrando la puerta. Miró a Loreto con una sonrisa. -Te amo nana. Recuerda que eres como madre. -Dios te proteja siempre mi niña. -respondió Loreto, y vio desaparecer el Uber. Tomó el teléfono y marcó el número de Louis Gabriel. -No la pude detener señor. -Está bien Loreto. Me encargaré. -respondió, Louis Gabriel marcó en número de su mejor amiga Eloisa y contó lo sucedido con Olí. -Si señor Baxter. Estoy esperando por ella. No sé dónde mismo nos iremos Pero viajaré con ella. Louis colgó la llamada y se toro sobre su sillón mirando a través del ventanal de cristal. Mientras Olí, esperaba a Eloisa. Estaba en la terminal de buses que las llevaría a Zermatt, un pueblo de Suiza. Eloisa se bajó del Uber, pagó y caminó por los pasillos que la llevaron por las escalera y bajó para encontrarse con Olí. -Creí que no vendrías. Elo. -¿No me perdería está aventura contigo. Olí. ¿Dónde iremos -Zermatt. -¿,Zermatt? ¿Suiza? -Si. Ahí nadie os va a encontrar. Seremos hermanas en busca de trabajo. Olí y Eloisa subieron al bus y su viaje a Zermatt empezó. -¿Estás segura de lo que haces? Mira que viajaremos sin dinero ni referencias de tu padre. -Estaremos bien Elo. Viviremos sin la presión de la sociedad. -¿En qué trabajaremos? -preguntaba Eloisa un poco preocupada por él futuro incierto que les esperaba. El recorrido del bus era tranquilo y seguro. El paisaje pasaba frente a ella. Olivia cerró los ojos tratando de dormir. Eloisa la miró fijamente y sonrió haciendo un gesto de negación. Cerró los ojos y a su mente llegó la imagen del hombre que amaba. Suspiro profundo, apretó sus labios formando una fina línea en sus labios. -Louis, nunca me verás de otra forma que no sea como la mejor amiga de tu hija. Mientras Eloisa idealizaba un futuro con el padre de su amiga. Olí esperaba que su nueva vida fuera tranquila. Las horas pasaron y llegaron a una estación. -Señores pasajeros. Si desean comer algo, estaremos aquí un lapso de treinta minutos. -Vamos Olí, tenemos que comer algo. Olivia toma su bolsa y bajaron del bus. Caminaron en dirección de un restaurante cuando le fue arrebatada la bolsa de Olivia. -¡Ladrón! ¡Auxilio! ¡Ayuda por favor! -gritó desesperada y persiguiendo al ladrón. -Oli. Espera. -gritó Eloisa corriendo tras de ella. -¡Corre!. Se nos llevan lo único que nos queda. -respondió mirando hacia atrás cuando sintió un colapso frente a ella. El hombre cayó al suelo y ella encima de él. -¡Joder! Justo te vienes a cruzar en mi camino. -renegó ella. Olí abrió los ojos y se encontró con la mirada de aquel hombre en el suelo. Parpadeó sintiendo un dolor inmenso en su nariz. El hombre se puso de pie y extendió su mano para ayudar a levantarla. -Lo siento mucho, no fue mi intención. -se disculpó Olí lo miró fijamente sin responder, dibujó una línea firmando una sonrisa torcida y de desagrado. Lo Miró, y frente a ella tenía a un hombre vestido con traje a medida, alto con el cabello grisáceo por las canas y con una leve sonrisa. "Muy guapo" pensó. -¿Estás bien Olí? ¿Estás herida? -Eloisa llamó su atención. Olí parpadeó. -Estoy bien Elo. Solo que aquí el señor presente, es el responsable de que no alcance al ladrón que se llevó mi bolsa. -Es muy peligroso lo que haciste muchacha. -En esa bolsa iban mis ahorros. Ahora no tengo nada. -discutió. -Tranquila, yo las puedo ayudar. -ofreció con amabilidad. -No acepto ayudas de desconocidos. -se negó ella mirando en la dirección por dónde el ladrón se había ido. -Soy Claudio... El pa... -No gracias. No necesito dd su ayuda. -se negó. Tomó la mano de Eloisa y salió de ahí casi arrastrando a su amiga. -Olí... ¿Que haremos? -Vamos a buscar un trabajo. Pero volver.... No, eso no. Prefiero perderme en este pueblo a casarme con el imbécil de Dominic. -Por dios. ¿De que vamos a trabajar? No tenemos referencias. -Aquí... No importan las referencias comerciales. Somos dos simples mortales tratando de ganarse la vida. Habló muy convencida de que estaría todo bien. Eloisa y Oli Rous Baxter cambiaron por todo la ciudad de Zermatt. Eran las cuatro de la tarde, el sol en tonos anaranjado, empezaba a ponerse en el horizonte, sus rostros mostraban el cansancio y sus estómagos rugían por el hambre que sentían. -Tengo sed. Y no conseguimos ni para un pedazo de pan. ¿Dónde pasaremos la noche? Olí. -preguntó Eloisa, sintiendo un poco de temor. -Aun no anochece. Buscaremos algo más. Caminaron nuevamente y pasaron por un pequeño centro comercial. Olí miró a su alrededor y vio a la anciana cargada de bolsas. Y ella corrió para ayudarle. -¿Le ayudo? Esto es muy pesado para usted. -dijo tratando de ayudar. -Muchas gracias jovencita. -respondió con amabilidad, la anciana. -No hay de qué. Solo tratamos de ayudar. -resplndió Olí. Cargando las bolas a la camioneta señalada por la señora. -Muchas gracias mis niñas. Tomen. Se llama han ganado. -dijo entregando unas monedas. -Por fin comeremos algo hoy. -dijo Eloisa, muy indiscreta como siempre habló sin pensarlo. La anciana escuchó y las miró. -¿No han comido hoy? -preguntó sintiendo un estrujón en su pecho. -La verdad...no, estamos buscando trabajo y hasta ahora no conseguimos nada. -resplndió Olí. -Pues entonces ya lo tienen. Yo necesito repartidoras para mis pastelitos, el trabajo es suyo si lo aceptan. -preguntó doña Olga. Olí y Eloisa sonrieron y aceptaron inmediatamente. -¿Cuando empezamos? -Suban...empezaron está noche, con la elaboración de ellos primero. Eloisa y Oli Rous subieron a la camioneta felices de saber que no tendrían que dormir en la calle. Y sobre todo. Tenían trabajo. Eso era lo importante. El recorrido fue toda una aventura, el paisaje era hermoso, se respiraba aire puro, el campo florido transmitia tranquilidad. Una hora después, Eloisa, Oli Olga, llegaron a una residencia. -Muy bien niñas, muchas gracias por aceptar. Más que trabajo, lo que necesito es compañía. Desde que mi hijo se fue al ejército he pasado sola, y me entretengo haciendo pastelitos para distraerme. -Gracias por darnos la oportunidad doña Olga. -dijo Eloisa. -Nada de doña Olga. Si ella nos acoge como sus damas de compañía. Yo la adopto como mi abuela. Y será mj abuela Olga. -dijo Olí abrazando a Olga. Eloisa aplaudió y de unió al abrazo. -Yo lo pensé y Oli lo expresó mejor. Seremos las nietas adoptivas más afortunadas del mundo mundial. -Bien. Ahora vamos. Entremos. Olga entró a la residencia y les mostró sus habitaciones. Subieron las escaleras, y Olga abrió una puerta. -Aquí dormirás tu Eloisa. Está habitación era de mi hijo. Hace cinco años que se fue. Me escribe de vez en cuando diciéndome que no tiene fecha de regreso. -dijo Olga con melancolía. -Gracias abuela. Promo no desordenar nada. Olga sonrió y salió para mostrar la habitación de huésped a Oli. -Tu te quedarás aquí Olí. Mi habitación está ahí en frente. Olí y Eloisa se instalaron con sus picas pertenencias que tenían, Olí se despojó de la ropa sintiendo alivio y entró al baño, se miró al espejo y se miró fijamente, y destello del recuerdo de aquel hombre pasó por su mente. "Claudio" pensó. -Olí. Ese hombre tiene la edad de tu padre. -se dijo adi mismo. Y continuó. -Pero si solo recuerdo su nombre, y eso no tiene nada que ver con la edad. ¿O si? ... No sé tú. Dimelo. -habló con ella mismo mirándose al espejo. -Pero no le quita lo guapote que es. Ya Olivia Rous Baxter. Suficiente de estás pensando en ese desconocido. Eloisa, al igual que Olí. Se duchó y una hora después estaba entrando a la gran cocina donde Olga estaba horneado los primeros pasteles. -¡Mmmm! Que rico que huelen. Abuela. -exclamó Eloisa entrando a la cocina. -¿Te gustan mi niña? -Si abuela. Huelen riquísimo. -Estos serán entregados mañana por la mañana, en el orfanato. Ahí, hay cincuenta y dos niños que esperan anciosos su porción de pastelitos. -¿Un orfanato? -Si mi niña. Un orfanato que el padrecito lo fundó. Y yo me ofrecí a ayudar también. Eloisa sonrió y parpadeó, estaba empezando a cuestionar su mundo. -Esta es la realidad del mundo. -pensó. -Estoy lista para la guerr⁴ . ¿Que haremos con estas delicias? -entró Eloisa como un vendaval. Olga ofreció un pastelito a cada una. Sabía que no habían probado bocados en todo el día. -¡Mmm! Están deliciosos abuela. Me enseñarás a preparar los. -Por supuesto que si, mi niña. -Mañana iremos a repartirlos al orfanato. -habló Eloisa mientras comía. -¿Ahi se venden? -No, ahí los entregaremos para los niños. Mientras Olí y Eloisa cenaban. Olga continuó horneado los pasteles. -¿De dónde son niñas? -interrogó Olga -De París. -respondió Olí. -¿Las dos? ¿Y porque están aquí? Tengo buena vista y ustedes no parecen niñas que verdaderamente hayan tenido un trabajo duro. -¿Cómo lo sabes abuela. ? -preguntó Eloisa. Olga se acercó y tomó sus manos delicadas y muy bien cuidadas. -¿Ves la diferencia? -interrogó Olga comparando el cuidado de sus manos. Olí suspiró profundo. -Estamos aquí porque no quiero casarme por negocios de las familias. No me considero una mercancía. Creo que merezco algo más grande como el amor verdadero. -respondió Olí. Olga la miró, se acercó a ella y la abrazó. -Si yo hubiera tenido tu fuerza para luchar por mi libertad. Estaría hoy con el amor de mi vida. -respondió Olga con melancolía. Se paró frente a Olí y acunó su rostro entre sus manos. -Puedes contar conmigo siempre mi niña. Si el destino las puso en mi camino. Yo las voy a proteger. Eloisa y Oli se abrazaron a Olga sintiendo un calor de hogar. Las tres, entre risas y baño de harina continuaron preparando los pasteles. Ya casi era media noche cuando habían terminado de dejar todo limpio y listo para el trabajo del día siguiente. Oli subió a la habitación, cerró la puerta y derrepente un recuerdo llegó a su mente.. sonrió y acarició sus labios, cerró los ojos y recordó ese goce con aquel hombre desconocido. -Es muy guapo. Elegante. Ese porte. Me encantó. Pero como siempre mi reacción lo espantó. Para su edad debe ser casado. No para que recordarlo. Olí caminó al baño se duchó y salió envuelto en una toalla. Se preparó para dormir como a ella le gustaba hacerlo. Era muy temprano en la mañana, el olor a café recién preparado inundó el ambiente, Olí bajaba las escaleras haciendo una cola en su cabello. -Ya está listo el desayuno mi niña, iremos al orfanato para que los niños desayunen con los pasteles y chocolate caliente. -Mmmm... Que rico huele a café, chocolate. Delicioso. -Ven cariño. Sirvete. -Eloisa dejo todo listo para madrugar y aún no baja. -Iré a llamarla. -Ya estoy aquí. Lista para mi primer día de trabajo. Eloisa, Olí y Olga desayunaron y una hora después de cargar todo en la camioneta estaban de camino al orfanato. Olí sentía su alma libre de presiones comerciales. Eloisa la miraba sonreír mientras ella añoraba volver a ver a ese hombre que era prohibido para ella. Llegaron al orfanato, Olí estacionó la camioneta y comenzaron a bajar las cajas.Se detuvo un instante frente al altar, inclinó la cabeza y cerró los ojos.—Dame claridad señor. —murmuró.—Aaunque no sea la respuesta que espero.Encendió una vela y, mientras la llama tomaba fuerza, pensó en las confesiones que escucharía ese día, en las cargas ajenas que se sumarían a las suyas. Sabía que su labor no era solo repetir oraciones, sino escuchar, acompañar, sostener silencios. ¿Pero. ¿Quien ki sostenía a él? Pensó por un momento sintiendo dudas por esa inquietud nueva en su pecho, una sensación de que algo... o alguien... estaba a punto de poner a prueba todo aquello en lo que había creído.Cuando levantó la vista, notó que no estaba completamente solo. En uno de los últimos bancos, una figura permanecía sentada, inmóvil, como esperando el momento exacto para hablar. El padre Claudio respiró hondo. Acomodó los pliegues de su sotana y se preparó para comenzar, sin imaginar que aquella jornada marcaría un antes y un después en su vocación.El problema con Zermatt era qu
Esa noche, Olí escribió por primera vez desde que había huido. No una carta para su padre, no un mensaje para el pasado, sino palabras para sí misma.“Conocí a un hombre que no debería significar nada. Y, sin embargo, algo en mí despertó. No sé qué es. No sé qué hacer. Solo sé que, por primera vez, no siento miedo… y eso me asusta más que todo lo demás. El es prohibido”Cerró el cuaderno y apagó la luz.En la habitación de la parroquia, Claudio rezaba en silencio, con las manos entrelazadas. Los ojos cerrados y un corazón que poco a poco, empezaba a dividirse.—Dame fuerza padre. —pidió.—O dame claridad. Pero no me dejes caer. No otra vez.El viento frío de la noche recorrió Zermatt como un susurro cómplice de un destino que ya había comenzado a tejer una historia imposible.Y ninguno de los dos, ni Oliva Rous Baxter ni Claudio Marccetti, podía imaginar que aquel encuentro fortuito no solo cambiaría sus vidas…sino que los obligaría a enfrentarse a todo aquello que creían haber deja
Él la recorrió con la mirada sorprendido.—¿Que eses haciendo aquí ? —se preguntó mentalmente. No podía creer que aquella mujer estuviera frente a él por segunda vez.Claudio sintió que el aire se le quedaba atrapado en los pulmones.Era ella. La misma joven con la que había chocado el día anterior. La de los labios rozados por accidente… y ahora estaba allí, en el orfanato, sosteniendo unas cajas de pasteles como si el destino se burlara de él sin pudor alguno.Claudio estaba atónito ante la presencia de a misma joven con la que había chocado el día anterior. Olí tardó apenas un segundo en reaccionar. Sus manos temblaron y una de las cajas estuvo a punto de caer.—¿Un… sacerdote? —repitió, esta vez en voz más baja, incrédula.—No puede ser…Claudio reaccionó al instante, sostuvo la caja antes de que tocara el suelo y dio un paso atrás, marcando una distancia que a él le pareció urgente, necesaria… casi desesperada.—Buenos días. —dijo con voz serena, demasiado serena para el caos
Olí caminó sin mirar por el pasillo cuando colapsó nuevamente con el mismo hombre. Ahora con vestimenta diferente.Sus ojos se abrieron como platos ante la sorpresa. Olí lo recorrió de pies a cabeza con la mirada, y muy sorprendida por la vestimenta que ahora tenía..-¿Un sacerdote? No pude ser. -pronunció parpadeando. Claudio Marccetti. Tenía años entregado al servicios de Dios, ahora tenía una vida tranquila, entregada al servicio de los más necesitados. Su único contacto con el pasado era su amigo de toda la vida, Nelson. Quien lo mantenía informado sobre sus tres hijos. Enzo, Paolo y Emiliano.—Hermano. Necesito verte. Tengo algo muy importante que decirte. —escuchó Claudio al otro lado del teléfono.—¿Que pasa Nelson? ¿Sucede algo con los chicos? —Necesito que vengas a la ciudad. No puedo quedarme mucho tiempo.—Está bien, mañana estaré ahí puntual. Claudio colgó la llamada sintiendo una fuerte presión en su pecho. Habían pasado diez años. Y era la primera vez que escuchaba a
Olivia Rous Baxter, se despojó de sus finas prendas de marca, para vestir unos sencillos pantalones mezclillas y una sudadera. Preparó su mochila, dejó sobre su cama las llaves y los documentos donde estaba su nombre como futura ceo del imperio de telecomunicaciones Baxter.-Pero niña. ¿Dónde irás así sin nada de dinero? -cuestionó Loreto, su nana. Olí Rous bajó las escaleras, ignorando las súplicas de Loreto.-Nana. No quiero ser la ceo de esas empresas, no es lo mío, Yo quiero ser actriz. Mi padre no lo entiendo.-Olí. Mi niña. Eres la única heredera de tu padre. -Lo sé. Pero para ser la ceo, tengo que casarme con el imbécil de Dominic Chevalier. Y eso no está en mis planes. Mi padre no me puede imponer a un matrimonio no deseado. -habló Olí subiendo al Uber qtd había pedido y cerrando la puerta.Miró a Loreto con una sonrisa.-Te amo nana. Recuerda que eres como madre.-Dios te proteja siempre mi niña. -respondió Loreto, y vio desaparecer el Uber.Tomó el teléfono y marcó el númer
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