Mundo ficciónIniciar sesiónAngelina está a punto de hacer sus votos como monja, pero justo en la ceremonia es raptada por un desconocido que la reclama como pago de una deuda impagable. Adriano, es un guapo y misterioso hombre de poder acostumbrado a que todos sigan sus órdenes, conocerá que no siempre el dinero lo puede todo cuando se enfrente a un alma pura a la cual ha lastimado. Un matrimonio obligado, una religiosa enfurecida, un pasado oscuro y doloroso, un secuestro y la esperanza de recuperar de nuevo el amor. Ven a descubrir el Santo Pecado de un espíritu puro que se enamorará del demonio hecho hombre.
Leer másCon los ojos cerrados Adriano seguía viendo el infierno arder a su alrededor, sintiendo como el calor abrazador se extendía muy cerca de él y como la pierna le quemaba desde dentro hacia fuera.El dolor se incrementaba y casi podía sentirlo como ese día, como si fuera mejor rogar porque le amputaran la pierna para no seguir sufriendo de ese modo.Vio a retazos los flashes de los recuerdos del rostro de su amada Angelina bañada en lágrimas llorando a su lado, junto a la cama de hospital, y escuchó claramente cuando alguien anunció la muerte de Livia.Después de eso los recuerdos eran borrosos. Solo pequeños destellos de médicos discutiendo sobre su supervivencia, y luego… nada… hasta que los efectos del veneno y de las drogas desaparecieron y la tranquilidad del apacible rostro de la pelirroja le dijeron que estaba fuera de peligro.Se había jugado la vida incontables veces, y en muchas ocasiones estuvo a punto de perderla, pero nunca sintió tanto miedo como la última vez, miedo real.
Adriano tragó grueso, quería sacarle los ojos al maldito de Vico con sus propias manos.— Pelea conmigo como un hombre, Vico, en igualdad de condiciones, fuera de esta trampa mortal en la que solo tú tienes la ventaja.— Je, je, je… ¿Crees que soy tan estúpido?— No, ¡Eres un cobarde!— Un cobarde con ingenio, un cobarde que ha puesto en jaque al príncipe de la mafia.— ¡Pero sigues siendo un miserable cobarde!— ¿Por qué no vienes por mí, he Adriano? ¿Qué te lo impide? ¿Unas serpientes? ¿En serio? ¿No se dice por los bajos mundos que eres el diablo?Angelina escuchaba tras la puerta sin saber qué hacer, estaba asombrada de que Adriano hubiera ido a rescatarla, pero más asombrada estaba de lo valiente que era y lo arriesgado en poner su propia vida en riesgo por ella, temió por él, temió a que si la veía se volviera totalmente loco y arremetiera contra Vico sin protección ninguna.— ¡Vamos, príncipe del mal! ¡Ven por mí! — Escuchó a Vico gritar y no pudo evitar asomarse.Adriano la vi
— ¡Deja esa cosa, Vico!— ¿Qué? ¿Esto? — Levantando más la víbora y acercándola al rostro de Angelina, de pronto a ella le pareció que la cola del animal se movió por sí sola y lanzó un grito.— ¡Ah!Vico lanzó la serpiente al suelo lejos de ella.— No temas, hermosa, ya está muerta, y no puede hacerte nada. Ahora, después de haberte puesto a prueba, créeme que estoy muy feliz de que pasaras todas las pruebas.— ¿Pruebas?— Sí, no mucha gente sobrevive a este lugar, hay quienes han muerto en la primera hora, tú, en cambio, pasaste la noche y acabaste con dos de los peligros más fuertes que tengo aquí, así que eres una rareza.— ¿Y debo sentirme alagada por lo que me estás diciendo?— Un poco, sí, pero ahora, tú y yo iremos de paseo.— ¿A dónde me llevarás?— A cualquier lugar, preciosa, ¿No crees que cualquier otro sitio es mejor que estar aquí?Allá no dijo nada, pero técnicamente era cierto, cualquier otro sitio en donde no hubiera serpientes sería mucho mejor que ese.Ella asintió
La nave seguía ganando altura y Sofi tenía atragantada la pregunta que había dejado en el aire, pero tuvo que esperar hasta llegar al helipuerto para que Antón pudiera contestarla.— ¿Vas a explicarme lo último que me dijiste en la mansión antes de salir?— Sí, por supuesto, amor… — Él sonrió — Ella estaba muy herida, dudando del amor de Adriano, es normal, Adriano es un hombre difícil y lleno de traumas. Nunca pensé que pudiera tener una relación tan estable con una mujer como hasta ahora, de hecho, me sorprende…— Estás cambiando el punto.— No, es el mismo punto, ella estaba desesperada, había llorado tanto que estaba dormida sobre la paja en los establos cuando llegué.— ¡Oh!— Sí, la pobre estaba destrozada. Y cuando la desperté para que viniera conmigo, ella comenzó a llorar de nuevo.— Comprendo, quisiste darle esperanzas.— Sí.— Y él lo malinterpretó todo.— Si…— Pero no te creyó a ti que le has salvado la vida tantas veces… eso me duele y me molesta mucho.— Fue un impulso,





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