— ¡Deja esa cosa, Vico!
— ¿Qué? ¿Esto? — Levantando más la víbora y acercándola al rostro de Angelina, de pronto a ella le pareció que la cola del animal se movió por sí sola y lanzó un grito.
— ¡Ah!
Vico lanzó la serpiente al suelo lejos de ella.
— No temas, hermosa, ya está muerta, y no puede hacerte nada. Ahora, después de haberte puesto a prueba, créeme que estoy muy feliz de que pasaras todas las pruebas.
— ¿Pruebas?
— Sí, no mucha gente sobrevive a este lugar, hay quienes han muerto en la