Mundo ficciónIniciar sesiónEn el día de su aniversario de bodas, el regalo de él para ella fue la prueba de embarazo de su amante. Su marido tendría un hijo con otra mujer siendo que nunca la había tocado en 3 años de casados. —¿Qué es esto? —preguntó Serena mirando con los ojos temblorosos el documento en sus manos. —Una prueba de embarazo, Lorena está embarazada —respondió Erick a su esposa sin mostrar una sombra de arrepentimiento o culpa. Serena miró a su marido incrédula. Años de amor y devoción convertidos en nada, eso era lo que ella significaba para él. Nada. Y a partir de ese momento, Serena aceptó la realidad que venía negando hacía 17 años. Erick nunca la amó, nunca la amaría; él era incapaz de sentir cualquier cosa por ella: respeto, compasión, gratitud por todo el sacrificio que ella hizo por él y por su familia. Esa era la paga por años de amor y devoción: desprecio. Pero sin duda ella haría que él pagara por todo: cada lágrima, cada humillación, cada desprecio. Y en esa búsqueda de venganza, no imaginó que encontraría el verdadero amor en un hombre misterioso que, además de ayudarla a vengarse, llegaría a ser el hombre que le mostraría lo que es el amor. El amor puro y verdadero, el amor que no hace daño.
Leer más—¿Qué es esto?— preguntó Serena mirando el papel sobre la encimera de la cocina. Una parte de ella temía que fueran los papeles del divorcio, un miedo constante con el que vivía: el miedo de que él la dejara. Pero él no sería tan cruel para pedirle el divorcio justo en el día de su tercer aniversario de bodas… ¿o sí?
—Es una prueba de embarazo— respondió Erick con la voz fría y directa de siempre, mientras la miraba sin ninguna expresión. —¿Una prueba de embarazo?— preguntó Serena, aún más confundida mientras abría el sobre. No entendía por qué él estaba dándole una prueba de embarazo, siendo que nunca habían tenido relaciones y dormían en habitaciones separadas desde que se casaron. Con las manos temblorosas sosteniendo el pedazo de papel, Serena sintió el suelo desaparecer bajo sus pies cuando vio en la prueba, escrito con letras bien destacadas: Nombre de la paciente: LORENA WILSON Resultado de la prueba: POSITIVO La hoja de papel temblaba cada vez más entre sus manos y no tardó en caer una lágrima sobre el papel, ante aquella realidad cruel y dolorosa. Lentamente, Serena levantó la cabeza e incrédula miró a su marido, solo para encontrar sus ojos fríos e indiferentes. —Lorena está embarazada. Consideré mejor informártelo personalmente para que no lo escuches por terceros y para que no causes confusiones. Si haces uno de tus dramas y la haces perder al bebé, no te voy a perdonar y te haré pagar— dijo él. —¡ERICK! —gritó Serena, incapaz de contenerse mientras aquel dolor familiar le rasgaba el pecho, el dolor que siempre era causado por él—. ¡Soy tu esposa! ¿Cómo puedes decirme que tu amante está embarazada como si no fuera nada? —Eres mi esposa, pero solo en el papel y para que los demás lo vean. No hagas tanto drama; sabías que Lorena y yo estábamos saliendo y que eventualmente esto pasaría— respondió él, escupiendo aquellas palabras contra su rostro con la clara intención de herirla. —Fui arrastrado a este matrimonio sin que siquiera me consultaran. Solo acepté casarme contigo por la deuda que mi familia tenía con la tuya. Prácticamente me compraste como el trofeo que siempre quisiste pero que nunca pudiste tener. Sabías de mi relación con Lorena incluso antes de casarnos, sabías que ella es la mujer a la que amo. Estoy con ella desde hace 5 años y vamos a seguir juntos, así que no actúes como la esposa traicionada ni pienses en buscarla para hacer alguna estupidez. Te soporté en silencio durante 3 años, pero si intentas hacerle daño, ahí sí no me voy a quedar callado. Serena sintió su pecho apretarse y doler más con cada palabra. Ese era el mismo discurso de siempre: en cada pelea él hacía cuestión de restregarle en la cara que estaba en ese matrimonio solo por obligación, solo para pagar la deuda de su familia y nada más. Serena soltó una risa débil entre lágrimas. —Está bien, no me amas, te casaste conmigo contra tu voluntad, pero ¿realmente necesitas ser tan cruel conmigo? Soy humana, tengo sentimientos. ¿Cómo crees que me siento al escuchar de mi propio marido que va a tener un hijo con otra mujer? —Yo amo a Lorena, y tarde o temprano esto iba a pasar. A diferencia de mí, este matrimonio fue tu elección, así que lidia con eso: elecciones y consecuencias— Erick se acercó a Serena, encarando sin remordimiento sus ojos azules llenos de lágrimas. —Tú hiciste una elección al casarte conmigo sabiendo que no te amaba. Y estas son las consecuencias por ser tan egoísta, ambiciosa y desear algo que nunca fue tuyo. Yo nunca fui tuyo y nunca lo seré, y espero que con esta prueba de embarazo lo entiendas de una vez. No hay ni habrá nunca nada entre nosotros más allá de un contrato matrimonial— Erick lanzó aquellas palabras crueles sin la menor gota de misericordia y se dio la vuelta, saliendo del apartamento. Serena oyó la puerta cerrarse y con el estruendo vino también un dolor agudo y profundo que se extendió por su pecho. Sus piernas fallaron y cayó al suelo, dejando que las lágrimas corrieran libremente por su rostro mientras la opresión en su pecho aumentaba hasta casi asfixiarla. "Erick, tú me pediste matrimonio, dijiste que me amabas, dijiste que me harías feliz… ¿y ahora soy solo un contrato? ¿Soy tan despreciable? ¿Tan repugnante? ¿Tan ambiciosa y egoísta que no merezco ni siquiera ser vista como un ser humano? ¿Soy tan imposible de amar para ti?" Serena permaneció sentada en el frío suelo de la cocina, llorando mientras su pecho dolía cada vez más, un dolor familiar y casi diario, pero imposible de acostumbrarse. Tal vez ese fuera su castigo, su pena por desear y amar a alguien que nunca la amó y que, sin duda, nunca la amaría. Durante años vivió con el miedo de que él pidiera el divorcio en cualquier momento, pero en aquel punto veía que el divorcio era la única manera de acabar con aquel dolor. Había llegado a su límite. No se sometería más a insultos ni humillaciones por ese amor unilateral y sin futuro. Ya había dado su sangre, sudor y lágrimas por ese matrimonio con la esperanza de que algún día Erick la amara, pero estaba claro que él nunca la amaría. Era hora de despertar a la realidad. Pero sin duda aquel divorcio le saldría muy caro a él y a toda su familia, y ella se encargaría de cobrar cada centavo de la deuda, cada insulto, cada humillación, cada lágrima.—¿De… de qué estás hablando? ¿Por qué me preguntas eso?— preguntó Valentina nerviosa.Sebastiano soltó una risa seca. —Saliste a hablar con él y dijiste que no era nada importante, pero volviste pensativa y claramente estás pensando en él. Y además, ya te ofrecí mi ayuda para salir de ese matrimonio arreglado, pero sigues inventando excusas para quedarte atrapada en él. Y… aunque me cueste admitirlo, empiezo a ver en ti el brillo que veía en aquella época, pero ese brillo no está dirigido a mí. Así que, si te está gustando…——¡No me está gustando! ¡Deja de decir absurdos!— Valentina se levantó nerviosa. —¿De dónde sacas esas tonterías?Sebastiano soltó una risa breve y sin gracia, sintiendo el pecho oprimirse aún más ante su reacción. Ella claramente estaba empezando a gustar de Alexander; solo era cuestión de tiempo para que ella misma se diera cuenta. Claro, aquello lo hería, lo destruía por dentro, pero era algo contra lo que no podía luchar.—Déjalo. Volvamos a trabajar— dijo Seba
Valentina se dejó caer en la cama después de ducharse y se quedó mirando el techo, pensativa por el beso reciente con Alexander. No supo cómo reaccionar y simplemente dejó que su cuerpo decidiera, y su cuerpo había decidido entregarse al beso, entregarse en sus brazos y dejarse envolver.Valentina se giró de lado mirando la puerta por donde habían estado. No podía ser hipócrita y decir que Alexander era feo o que no era su tipo; aunque fuera grosero, arrogante y prepotente, físicamente era el tipo de cualquier mujer, sin contar su mirada penetrante, su postura de macho alfa y su maldito beso con carácter, que era tan…Valentina se giró hacia el otro lado y se dio unas palmadas en el rostro.“Deja de pensar en eso, es solo un matrimonio arreglado, no hay ni debe haber sentimientos de por medio. Él es solo un hombre atractivo, estás carente y llevas años sin novio y te dejaste llevar, eso es todo. No pienses en cosas inútiles, concéntrate en lo que realmente importa”.Valentina oyó sona
–¿Tina?–Ambos interrumpieron el beso de inmediato y se separaron, mirando a la niña que estaba parada en la puerta observándolos con shock y confusión.–Y-Yasmin– dijo Valentina acercándose a su hermana. –¿Qué haces aquí? Deberías estar cenando, pronto será la hora de tomar tu medicación––Mamá mandó a llamarlos… ¿Ustedes se estaban besando?–Valentina sintió que las orejas le ardían. –Bueno… nosotros solo…––¿Ya te gusta él?– preguntó sonriendo. –¿Ahora te vas a casar con él por amor?–El rostro de Valentina se puso aún más rojo, y lo estuvo todavía más cuando miró a Alexander, que la observaba como si también esperara una respuesta.–Vamos a cenar, no hagamos esperar a los demás–Valentina tomó a Yasmin de la mano y miró a Alexander como indicándole que se fuera, y él obedeció, yendo delante.Valentina suspiró y miró a Yasmin, que seguía con una sonrisa enorme.–Parecían una pareja de telenovela besándose–Valentina volvió a sonrojarse. –Deja de decir tonterías y apurémonos. ¿Dónde
Valentina miraba a Alexander confundida, nerviosa y sin saber qué responder. Y que él estuviera tan cerca y la mirara de aquella forma tan intensa no la ayudaba a pensar con claridad.–Bueno, yo…–El celular de Valentina sonó y Alexander casi gruñó, irritado.–Es mi madre, quedé en encontrarme con ella para arreglarme para la cena––Yo te llevo hasta allí––No es necesario, tú también necesitas ir a arreglarte y el spa queda al otro lado. Nos vemos en la cena–Valentina corrió hacia la calle donde un taxi acababa de dejar a alguien y se subió, marchándose.Alexander suspiró metiendo las manos en los bolsillos mientras la veía partir, y esbozó una sonrisa.–Una victoria a la vez. Puedes ser dura y terca, Valentina Velasco, pero yo lo soy más–......Josefina terminaba de dar instrucciones a las sirvientas que organizaban la mesa de la cena cuando el timbre sonó.–¡Han llegado!–La gobernanta fue a abrir la puerta y condujo a los Riva Palacio hasta la sala de estar donde estaban los Vel
Una propuesta de trabajo tentadora–Firma– dijo Alexander, animándola con una expresión tranquila.Valentina lo miró, y ver su calma solo la ponía más nerviosa.“Está bien, solo es firmar y ya. No es gran cosa”Valentina suspiró y tomó la carpeta de documentos y la pluma, pero cuando miró el título del documento frunció el ceño, confundida.“Documento de donación voluntaria e irrevocable”Valentina leyó todo el documento, en el que básicamente Alexander asumía por escrito que estaba donando la cantidad específica de todos los procedimientos y cuidados que Yasmin recibiría en el hospital, de forma voluntaria e irrevocable, sin esperar nada a cambio y sin la posibilidad de reclamar el dinero de vuelta.Valentina miró a Alexander, nerviosa y sorprendida.–¿E… es en serio?––Dije que aquello lo dije sin pensar, y no quiero que pienses que soy un mezquino que usa el poder y el dinero para chantajear y controlar a las personas– dijo con una leve sonrisa, repitiendo las palabras de ella.–Bu
–Señor, Ellos acaban de salie del despacho del señor Sebastiano– –De acuerdo– Alexander colgó el teléfono levantándose de la silla, tomó su saco y salió del despacho con pasos rápidos dirigiéndose al ascensor.Valentina y Sebastiano salieron del ascensor en el estacionamiento y continuaron conversando mientras caminaban hacia el coche de Sebastiano, pero se detuvieron al ver a Alexander apoyado en su automóvil con los brazos cruzados y la mirada fija en ellos, con el rostro serio.Valentina suspiró, ya imaginando otra escena.Alexander se apartó del coche y se acercó a los dos, deteniéndose frente a Valentina.–Vamos––¿Qué? Yo no voy contigo––Necesitamos hablar––No tengo nada más que hablar contigo, ¿o pretendes confesar otra de tus acciones “altruistas”?–Alexander suspiró irritado. –Solo sube al coche––Todavía estamos trabajando, así que si no le importa, aún necesito a mi asistente– dijo Sebastiano interviniendo, y se ganó la mirada afilada de Alexander.–Y yo necesito a mi p
Último capítulo