–Aah ese desgraciado de Gregório– gruñó Sergayv al mirar el estado de su hijo en la cama del hospital.
–Padre, no podemos dejar a Melissa allí con ese hombre, ¡es violento y peligroso!– suplicó Nikolai con los ojos llenos de lágrimas, recordando todo lo que Gregório le había hecho, y lo que sus hombres le hicieron pasar antes de arrojarlo en una calle cualquiera sin conciencia como un indiferente.
–Si es necesario puedo vender todas mis acciones, mis propiedades, renuncio a todo, pero necesito