El coche finalmente se detuvo frente a un gran edificio espejado en el centro de la ciudad.
Demitri bajó primero y dio la vuelta abriendo la puerta del coche para Melissa, quien lo miró aún asustada como había estado durante todo el trayecto.
Demitri sonrió ante la figura de la joven que parecía una gatita asustada después de haber sido arrojada a un pozo de agua fría.
–Ven, ¿no confías en mí?– preguntó extendiendo la mano. –Después de todo, viniste a mí en busca de respuestas, ¿cierto? Yo solo