Erick separó el beso y miró a Serena, que tenía los ojos abiertos, todavía paralizada por el impacto de aquella acción repentina. Pasó el pulgar por sus labios rosados y aún humedecidos, mientras sus respiraciones cálidas se mezclaban, y volvió a encararla con intensidad.
—¿Satisfecha? ¿Era eso lo que tanto querías? Ahora deja de salir para buscar hombres, te lo prohíbo.
Serena usó toda su fuerza para empujarlo y le dio una bofetada con los ojos llenos de lágrimas. Él realmente era solo un idio