Mundo ficciónIniciar sesiónAl renacer, Elena Jennings descubrió que había retrocedido en el tiempo hasta la época en que tenía veintisiete años. En aquel entonces, ya era madre de un niño y una niña y estaba casada con Lucas Fischer, el hombre más rico del mundo. Lucas encabezaba la lista de las personas más ricas del mundo. Las revistas lo catalogaban como el hombre ideal, con el que toda mujer soñaba casarse y hasta la familia real de Evgolia deseaba emparejarlo con su princesa. Todo el mundo repetía que Elena era increíblemente afortunada por haberse casado con él. Sin embargo, lo primero que hizo ella al volver al pasado fue buscar a Sabrina Miller, el primer amor de Lucas, con los papeles del divorcio en la mano. —Voy a divorciarme —dijo con calma, mientras se los entregaba—. Lucas y los niños son todos tuyos.
Leer másElena se encontraba en la terraza, donde Calliope regaba con cuidado las macetas de flores con un vestido amarillo claro mientras tarareaba una canción infantil.—¿En qué piensas?Unos brazos fuertes la rodearon por la espalda. Caspian apoyó la barbilla suavemente sobre su hombro. Aún olía ligeramente al desinfectante del hospital, lo que significaba que había vuelto a casa directo del trabajo.—Estaba pensando… —Elena comenzó a sonreír incluso antes de volverse hacia él—. En la primera vez que llevaste a Calliope a la tienda para comprar unos libros ilustrados.—Recuerdo haber pensado que no habías cambiado nada. —Caspian se rio entre dientes; la mirada se le suavizó—. Y sigues igual de hermosa.—Sabes exactamente qué decir, ¿verdad? —Elena le dio un golpecito suave en el hombro mientras soltaba una carcajada.Las risas llegaron hasta el jardín, sobresaltando a Calliope, quien soltó la regadera y subió corriendo las escaleras.—¡Tío, Elena! ¿De qué están hablando?Caspian la cargó y l
Llevaba días lloviendo en Yewton, cosa que había afectado a «Libros de Elena». Había un Maybach estacionado frente a la librería desde hacía casi una semana.—¡Elena, mira lo que dibujé! —Calliope corrió hacia ella sosteniendo un dibujo hecho con crayones, pero se detuvo al notar su expresión y preguntó con cautela—: ¿Estás triste otra vez?En lugar de responder, Elena le dedicó una leve sonrisa forzada y tomó el dibujo.—Te quedó muy bonito. ¿Es un conejito?—¡Sí! —La niña asintió, se giró y señaló hacia la ventana—. ¿Es porque están aquí de nuevo? ¿Por eso estás triste?Caspian salió de detrás de los estantes, con una taza humeante de té de manzanilla en la mano. Sin llamar la atención, se movió ligeramente para bloquear la vista desde la calle.—¿Quieres que llame a la policía? —preguntó en voz baja, mirando el vehículo que llevaba días estacionado.A través de la lluvia, Elena pudo ver a sus hijos pegados a la ventanilla del auto, mirando fijamente hacia la librería, por lo que neg
Las cosas se habían calmado en el taller. Elena seguía moldeando la arcilla con movimientos mecánicos, aunque la presión que ejercía le blanqueaba los nudillos. Calliope, sentada a su lado, la miraba de vez en cuando con preocupación.—¿En serio estás bien? —preguntó con cuidado después de un momento—. No te ves muy feliz.Elena dejó las manos quietas un segundo, obligándose a sonreír.—Estoy bien. No te preocupes; concéntrate en tu tazón.—¿Quieres descansar un momento? —preguntó Caspian, dejando un vaso de agua templada junto a ella.Ella negó con la cabeza. Desvió la mirada hacia el tazón a medio formar frente a ella. Estaba torcido, tan deforme como su estado de ánimo en ese instante. Los ojos llenos de lágrimas de Benjamin y Charlotte no dejaban de aparecer en su mente, lo que le hacía doler el corazón.—Se veían más delgados —dijo, casi para sí misma.Caspian no respondió. Simplemente se quedó a su lado. La luz del sol se filtraba a través del cristal y caía sobre la mesa de trab
Elena abrió la boca para responder, pero todo lo que pudo hacer fue sonreír con amargura.—Me empujaron por las escaleras —dijo tras una breve pausa—. Le dijeron a todo el mundo que yo les había dado jugo de mango para que creyeran que quería lastimarlos. Esos no fueron malentendidos; lo hicieron a propósito. —Hizo una pausa antes de continuar con voz firme—: Dijeron que no me querían, que preferían a Sabrina, ¿o me equivoco? Sé que no fui la mejor madre del mundo, pero hice todo lo que pude. Los cuidé, los amé y estuve ahí para ustedes todos los días. No entiendo cómo terminamos así.Los niños se enrojecieron de vergüenza, incapaces de responder.—Mamá, fuimos muy tontos —replicó Benjamin, sin querer darse por vencido—. No sabíamos lo que hacíamos, pero ahora ya lo entendemos. Por favor, perdónanos.Antes de que Elena pudiera responder, Calliope le apretó la camisa con los dedos para llamar su atención.—¿Te vas a ir? —preguntó tímidamente, con los ojos llenos de lágrimas.Caspian la





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