Capítulo 7
Los murmullos no eran discretos, por lo que Elena escuchó cada palabra.

—Fui a la universidad con ellos —comentó en voz baja un hombre de traje a la medida—. Lucas estaba loco por Sabrina. Antes de graduarse, le iba a pedir matrimonio.

—¡Con razón! —respondió alguien a su lado—. El primer amor es único. No importa que no sea su esposa, ella sigue siendo la única que le importa.

—¿Y de qué le sirvió casarse con él? —añadió otra persona, mirándola de reojo con desprecio—. Le dio hijos y ni así logró que la quisiera. Yo digo que se va a quedar sola el resto de su vida.

Elena se quedó ahí parada, en silencio. Era como si el corazón se le hubiera congelado. Lo sentía pesado y adormecido, pero al menos ya no le dolía. Respiró hondo y caminó hacia el ascensor; cuando las puertas estaban a punto de cerrarse, una mano se interpuso entre ellas. Sabrina entró con sus tacones altos, absolutamente tranquila, con una leve sonrisa en sus labios rojos.

—El divorcio será oficial en tres días —dijo, mirando a Elena a los ojos—. Te irás como lo prometiste, ¿verdad?

—Claro. Yo soy la más interesada en irme —respondió, presionando el botón del primer piso.

—Qué bien. —La sonrisa de Sabrina se ensanchó con satisfacción—. Yo me haré cargo de esta familia a partir de ahora. Además, a Lucas y a los niños nunca les gustaste. Dentro de poco ni siquiera se acordarán de ti.

Elena no respondió. El ascensor comenzó a bajar en silencio; de repente, un fuerte estruendo resonó mientras el aparato se sacudía con fuerza. Las luces se apagaron. Sabrina soltó un grito, sacando su teléfono.

—¡Lucas! ¡Ayúdame! ¡El ascensor se atoró!

Elena se estrelló contra la pared. Un fuerte dolor le atravesó la frente y algo cálido le resbaló por el rostro.

Pasó un tiempo antes de que se escucharan voces y pasos afuera.

—¡¿Están bien ahí adentro?! —preguntó el rescatista.

—¡Ayúdenos! ¡Tengo la pierna atrapada! —chilló Sabrina, golpeando la puerta.

Las herramientas forzaron las puertas, haciendo chirriar el metal, y una intensa luz atravesó la oscuridad. Un rescatista se inclinó para evaluar la situación, con expresión preocupada.

—Señor Fischer, ambas mujeres tienen una pierna atrapada. Tenemos poco tiempo; solo podemos sacar a una primero. ¿A quién ayudamos?

Aunque su visión estaba borrosa, Elena reconoció a Lucas parado detrás del rescatista junto a Benjamin y Charlotte.

—Saquen a Sabrina —ordenó sin vacilar, con sus ojos fijos en la mujer.

—¡Salven a la señorita Miller primero! ¡Rápido! —gritaron los niños.

—Señor Fischer —dijo el rescatista con el ceño fruncido—, la otra mujer parece estar mucho más grave. Recomiendo que la saquemos a ella primero.

—¡Dije que a Sabrina! —exigió Lucas con frialdad.

El rescatista soltó un suspiro de impotencia y obedeció. Elena vio cómo la sacaban con cuidado. La puerta del ascensor, sostenida solo por la mitad de su marco, emitió un fuerte chirrido antes de ceder. El metal deformado le cayó sobre la pierna y el dolor fue tal que la dejó sin aliento.

Lo último que vio fue a Lucas cargando a Sabrina, mientras los dos niños festejaban detrás de él. Enseguida, perdió el conocimiento.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP