Después de eso, ambos se convirtieron en clientes habituales de la librería. Casi todos los fines de semana pasaban a quedarse una hora o dos. La niña siempre se acurrucaba en silencio en el pequeño sofá del rincón, totalmente absorta en un libro ilustrado, mientras que su tío escogía alguna revista médica y leía a su lado.
En ocasiones, Elena les preparaba té de manzanilla. Caspian siempre le agradecía educadamente y Calliope con dulzura, antes de volver a bajar la mirada hacia el libro en sus