Cruzaron a baja velocidad hacia una zona baja de Coconut Grove, donde los canales se enredaban como venas, y entraron por un paso que sólo conocían ellos. La casa fachada de madera clara, dos plantas, olor a sal y a pintura fresca los recibió como un perro viejo al dueño que vuelve con la ropa rota.
—Adentro —ordenó Alma, apoyándose en el hombro de Valentín y respirando desigual—. Llamen al médico y cierren todo, hay que resguardarnos por hoy.
…
El médico llegó con una mochila de cuero y un pul