El espejo le devolvía una imagen que ya no podía ignorar.
La barriga redonda y tensa sobresalía bajo la tela del vestido oscuro. Alma deslizó la palma sobre su vientre, sintiendo el movimiento leve, casi un codazo desde adentro.
—Ya solo falta un mes y medio, mi pequeño —susurró, con un hilo de ternura entre tanta dureza—. Y podré conocerte.
La sonrisa que se dibujó en sus labios se borró rápido. Sus ojos, fijos en el reflejo, se endurecieron.
—Pero hoy… hoy tengo que hacer algo importante. Alg