Luigi pensó en la comisaría, en la alcantarilla, en el bebé que lloraba mientras el mundo se caía. Pensó en que a veces la redención tiene llantas robadas y manos sucias.
Pensó en que la paz no es un lugar, sino una negociación diaria con el pasado.
Lucía caminó hacia el baño, cerró la puerta y se miró en el espejo.
La brisa de la memoria le movió un mechón y, por un instante, le pareció ver a la mujer que una vez fue, Alma Rossi, con el corazón en llamas.
Ahora, la cirugía y los años la habían