La luz de la mañana invadía la sala de estar, pintando de dorado los muebles antiguos de la casa de Rosa. Malú entró con pasos firmes. Derick estaba sentado en el sofá, hojeando un periódico con postura relajada. Ella se detuvo frente a él, tragando la ansiedad que sentía.
—Derick… —llamó, con la voz más suave de lo que había planeado—. Necesito disculparme por lo que pasó ayer. No fuiste tú, fue… un reflejo.
Él bajó el periódico despacio, como si temiera asustarla de nuevo. Sus ojos verdes est