Se acercó a mí, algo que evité al levantarme. Di un paso hacia atrás para retroceder. Lo vi. Sus ojos estaban preocupados pues nos comunicábamos sin tener que hablar.
—Katherine, dame el teléfono —alzó su mano hacia mí apuntando mi teléfono.
Lo sujetaba con más fuerza contra mi pecho. Respiraba lento, como si ese objeto inanimado se hubiera convertido en Eliott. Mi única esperanza de volver a escucharlo estaba en ese aparato que no estaba dispuesta a entregar con facilidad.
—No te lo voy a dar