127. Ponte el vestido
Sus palabras cayeron como una roca pesada sobre mi cuerpo.
Lo que había dicho se quedó como un eco en la habitación que buscaba enloquecerme. Mis manos comenzaron a temblar. Miré a mi pequeño que estaba acurrucado en mis brazos. Sus ojos, azules como zafiros y completamente inocentes, no sabían dónde estábamos.
Miré por la ventana. Un segundo piso. Si caía, mi hijo podría salir lastimado y solo por eso me negué a hacerlo. No podía arriesgarme… pero me aterraba lo que Xavier pudiera hacer. Miré